sábado, 25 de octubre de 2014

Sonrisas en aire frio (Cada otoño, cada otoño).

Tanto el baile que yo usaba cual escudo
como esta voz que de espada ya no sirve
han quedado gangrenados, congelados
por recuerdos que devoran y consumen

cual colilla, lentamente la escritura
de estas manos ya cansadas de quererte,
de unas manos oxidadas por tocarte
tristemente a ti y a tu piel dura.

Qué verdad, qué mentira y qué insolencia
el recordar que yo te amé y tú me quisiste,
el no saber si aún pertenezco al limbo
que, como amante y amigo, mantuviste.

Fiesta de luces, sabores y orgasmos
en un sótano en que bloqueaste la cerradura
por proteger mi realidad y tu mentira,
construyendo nuestra relación el los infiernos.

Los infiernos... Mis infiernos:
Para ti sólo fue un subsuelo,
otro de tantos que tenías
tú, que con el mundo entre las manos te reías
con tu alma caprichosa en caja fuerte,
pues de estar desprotegida a la realidad que me juraste, 

¿habrías tenido a caso tanta fuerza
como para recapacitar y darte cuenta
de que, naipe a naipe, formaste un castillo
con todas las personas que, por despecho, usaste?

Sin embargo, en tierra firme, te perdono los pecados
y, con toda mi entereza, te absuelvo de tus mentiras
pues comprendo que desde entonces has cambiado enormemente,
que por fin te has dado cuenta de que tú causaste heridas.

Pero condeno tus miradas y maldigo tus sonrisas
y destierro el sentimiento de ansiar todas tus caricias,
me arrepiento de cada beso que puede compartir contigo
pues, si el recuerdo de tu persona me llega a quemar hasta el ombligo,

corro el riesgo de acordarme de ti cada otoño, al caer las hojas,
y acostumbrarme a depender del fuego que una vez encendiste.
No, del fuego no: De las cenizas
con las que ya he llegado a querer arroparme
ante el miedo al frío, a tiritar y a entumecerme.

"Te quise, te quise, te quise..."
Joder, yo te amé y tú me quisiste.
¿Sabes que aún leo tus sonetos, escucho nuestras canciones,
muero de dolor, decaigo y lloro cuando pienso que de verdad te fuiste?