miércoles, 30 de diciembre de 2015

Bien.

Me reafirmo, una vez más, en mí. El mundo no deja de darme motivos, indirectas, putadas, cicatrices, llámalo como quieras, pero el caso es lanzar mieda, o más bien lanzarme mierda. Dejarme claro que nada está hecho para mí y que nada va a ser fácil. Que todo lo mío soy yo y también todo lo que debe importarme. Así que gracias por todos estos años de lecciones, gracias por convertirte en mi cuchillo y en mi látigo, que puedo rascar bajo la piel y amaestrarme de nuevo. En serio, gracias por ser la mierda que siempre fuiste de forma contínua y permanente. De verdad que envidio tu perseverancia. Permíteme copiarla de puertas adentro, que la presa y el amo son ambos el mismo y han dejado claro no querer salir de nuevo. No les hace falta, todo va de retroalimentarse. De envidia, de odio o lo que sea, da igual, en algún momento aparecerá el amor y volveremos a hacernos mantas en el frio, siempre, siempre, siempre con las piernas enterradas en la nieve porque es muy aburrido estar cien por cien caliente. Precisamente porque me importo, que cierro las puertas y rompo las ventanas, los cristales rotos sirven para ahuyentar a la gente. A la fauna. A la mierda como tú. Gracias, en serio, gracias por nada. Tocará crecer en algún momento.

martes, 8 de diciembre de 2015

Truco o trato.

Empecé yo, fingiendo. O empezaste tú, gustándote mi mentira. O empezamos los dos... Y luego comencé a quejarme de que no me veías, tan hipócrita y herida como siempre. No te preocupes, acabé por acostumbrarne, pero a día de hoy me siguen gustando los dulces y los sustos de noche de los que ya ni me acordaba. Tiene que haberte importado mucho para conservarlo tantos años, mientras seguías hirviendo agua en mi cocina como si nada hubiera pasado.

Últimamente pienso mucho en ti. Cada vez que le veo a él, acabo pensando en ti. No es que te eche de menos, si nunca te tuve, es más bien que la cuerda floja se va desgastando y me da miedo caerme antes de haber llegado a tener público. Tú llevas tanto tiempo bailando en ella que debes de sentirte en tierra firme... O tal vez piensas que no debemos balancearnos al mismo tiempo y por eso desapareces cada vez que yo me acerco. No lo sé. Es difícil saberlo si nunca me hablas. Debe de haber sido difícil intentar hablarme si yo tenía otros cascos puestos, si yo sólo escuchaba las guitarras. Pero no creo que llegara a gustarme de verdad la música clásica, solamente quería dejar de sentirme sola... O regodearme en ello. Tampoco puedo estar segura, estas historias son de hace ya mucho tiempo y tal vez a estas horas no vale la pena resolverlas.

Si algún día vuelves a sacudirte de encima el pragmatismo, avísame. Siempre quise investigar Europa contigo.