domingo, 20 de noviembre de 2016

Me cago en el patito.

Y llegan los 20. Y llegan las preguntas, llega la urgencia y llega la ansiedad de la vida.
"Todos hemos pasado por ahí", "al final no es para tanto", "pues espera a ver los 25", "ya verás luego la crisis de los 50".

Sí, vale, todos lo habréis vivido ya y para algunos no será para tanto. Yo ya no tengo 16, no puedo pensar sólo en mis hobbies, no puedo tomarme unas vacaciones de 3 meses, no puedo ver a mis seres queridos cada vez que me de la gana ni he sido capaz de conservar a todas las personas a las que he amado y querido en mi vida, no puedo permitirme pasar un fin de semana en el ordenador ni vivir sin preocuparme por el dinero y todas las oportunidades que he perdido hasta ahora me pesan lo suficiente como hacer que pierda el sueño por las noches.

¿Y si siento que dos años arrancándome la piel a tiras para conseguir mostrarme tal y como soy ante el espejo no fueron suficientes?

Enciendo la pantalla y leo que Yuzuru Hanyu es un dios de la perfección reconocido mundialmente con 21 años.
"Pero no te compares con los demás". Ya, claro, eso puedo decírmelo cuando no tengo una edad en la que debería estar viviendo mi época dorada y cumpliendo poco a poco mis sueños, pero resulta que tengo esa edad y no tengo ni la más mínima idea de cómo se supone que debería llegar hasta allí.

Me he caído, me he caído,  he fingido,  me he reído, he fracasado, he repetido, me he frustrado,  he llorado, me he levantado, he cambiado de aire unas 8 veces, me he deprimido, me he hundido, me he enamorado y desenamorado, he roto los lazos más importantes que he llegado al crear y me he permitido comenzar a conocerme a mí mismo, a quererme y a darme asco, a odiarme, a arrepentirme y, a veces, a perdonarme algunas cosas. Me he vuelto a levantar, me he defendido, he luchado por mí y contra mí mismo tantas veces... Y sigo en ello, supongo que como todos, queriendo ser consciente y sin querer serlo al mismo tiempo. Fingiendo no darme cuenta de que vuelve a costarme dormir por las noches y llorando de frustración porque no quiero volver jamás a esas noches de lágrimas y tabaco en el balcón, solitarias y frías como un cuchillo en la nuca.  Y a veces me miento y a veces me desmiento, pero siempre tengo miedo y siempre me siento perdido. Y vuelvo a sentirme solo, cuando creía haberme deshecho por fin de ese sentimiento que me estuvo acompañando desde siempre.

Pero no me rindo. Puedo reconocerme eso: por mucho que me muera de miedo y no tenga ni puñetera idea de lo que estoy haciendo, no me rindo. Yo soy yo y estoy aquí. Aunque esté triste, estoy aquí.

Es posible que muchos ya lo hayáis vivido, pero estos son mis jodidos 20 años y es una lucha de la que me enorgullezco.