martes, 13 de septiembre de 2016

Hoy tengo ganas de llorar.

Vuelve el otoño y con él las hojas sobre mis zapatos.
Me pregunto si volveré alguna vez a sonreír y a amar como lo hice con vosotros. Sobra decir que os echo de menos.

Esta es una carta de despedida, y un propósito de año nuevo.
Llevo meses intentando no pensar en todo lo que echo de menos, pero el otoño siempre me trae cambios, siempre lo ha hecho. Esta noche voy a repasar todos los dibujos y seguramente llore mucho.
Ya me hice ese tatuaje por vosotros y para recordarme no permitir que nada de lo vivido haya sido en vano, así que me toca levantarme aunque ya no estéis, aunque sólo yo haya visto mi recorrido.

Prometo ir a visitaros aunque ya no quede ninguno de vosotros en aquél salón. No sé cuántos meses han pasado, pero tanto yo como todos vosotros hemos pasado por allí para avanzar, así que habrá que sonreír de nuevo. Por favor no os olvidéis de mí. Yo prometo no olvidaros. Jamás sería capaz de hacerlo.

Da mucho miedo volver a llorar, chicos, os lo juro, gracias por haber estado ahí siempre, gracias por joderme, gracias por mirarme, gracias por ignorarme y por gritarme, por hacerme reír cuando estaba llorando y por darme motivos para sentirme agradecida. Para sentirme querida. Gracias por quererme y darme algo que querer.

Os echo de menos.

Da mucho miedo volver a llorar porque ya no me estáis rodeando aunque pasen las estaciones, pero sois el impulso por el que no quiero rendirme y aprendo a sentirme triste aunque me de miedo.
Me encantaría veros, abrazaros, fumar con vosotros, cantar con vosotros, abrazaros, regañaros, comer con vosotros, quejarme de vosotros... Pero al menos puedo pasarme a saludaros, aunque ya no quede ninguno de vosotros.

Hoy quiero llorar, aunque nadie me abrace. Hoy tengo que ordenar mi habitación y poner el despertador temprano, porque el otoño siempre me trae cambios. Será que sigo siendo muy sensible a las fechas, pero es ahora cuando ocurrió todo. Espero volver a encontrar a alguien en algún momento, aunque no sea necesario cuando ya os tuve a vosotros.

Hoy me toca lavar la ropa, barrer el suelo, organizar una ruta para mañana, pensar en comer regularmente y de forma balanceada, hoy me toca no faltaros al respeto. "No voy a desearte que te vaya bien porque sé que te va a ir bien", "hermanota", "te quiero", "estoy contento y a la vez triste de que te vayas", "me da esperanza verte y saber que se puede", "mira todo lo que has avanzado", "me alegra que recuerdes esas palabras", "te voy a echar de menos", "me hiciste abrir la mente", "eres una persona maravillosa", "¿quién va a tocar ahora la guitarra?", "te quiero", "¿sabes cómo se deben dar en realidad los abrazos?", "ahora estás fuerte", "tú ya lo sabes", "me alegro de que estés bien", "tú fuiste la primera persona que me cayó bien al llegar aquí", "gracias", "te voy a echar de menos", "eres un ejemplo". No pienso dejar en vano vuestras palabras. Gracias. De verdad, gracias. Y gracias por obligarme a hablar ese último día. Los días nunca me parecieron tan tristes como al irme. Gracias por pasarme el papel todas esas veces y por obligarme a hablar y a apuntarme otras tantas. Os echo mucho de menos.

Hoy me toca irme a dormir temprano para levantarme otra vez gracias a vosotros. A todos. A quienes se fueron, a quienes siguen y a quienes se irán. A todos.

Me da miedo estar triste sin vosotros.
Pero seguís aquí y no os vais a ir nunca.
Por lo menos fui capaz de decirte que te quiero a la cara, por mucho miedo que me de esa palabra.

Cuando ya he hecho todo el trabajo de reconocerme, sólo me queda llorarlo todo.
Gracias.


Gracias también papá por recogerme cuando se acabó todo.


                                                                                                                 Beloved
                                                                                                                 Hikari.
                                                                                                                 Por siempre, honesta y prática.


https://www.youtube.com/watch?v=-1nEqVhcjfU

sábado, 3 de septiembre de 2016

No sé.

A veces me apetece volver a escribir. Sé que recuerdo cómo hacerlo y sé que tengo toneladas de cosas que soltar aquí, pero por algún motivo me retengo.

Basura emocional, siempre, pero el metal en las muñecas lo tengo agotado y lo agradezco.

Tengo tinta en los brazos. Recuerdos borrosos por las lágrimas, pero palabras que se me han quedado grabadas. Agridulce.

Basura emocional sigue habiendo, pero las muñecas las tengo curadas. Y sé lo que hacer con estos sentimientos. La cosa es que me cuesta, como a todo ser humano. Pero puedo escribir. Cuesta, pero puedo hacerlo y, de hecho, creo que hasta me apetece. Sólo que da miedo volver a manosear emociones fuertes y escribirlas en el momento. Últimamente estoy cobardica y no me estoy moviendo.

"No te voy a desear que te vaya bien porque sé que te va a ir bien." Al principio estas palabras sonaron como un peso en la espalda, pero al poco tiempo fui capaz de entenderlas. La soledad ya no la tengo y la desesperanza tampoco. Puedo moverme y sé hacerlo. No pasa nada si me cuesta, si me caigo o si me cuesta levantarme porque ya no necesito que me lleven a rastras. Eso es lo importante.

Creo que llevo unas semanas haciendo el gilipollas. No queriendo escuchar todas las cosas que echo de menos. Supongo que, de alguna forma, sigo en duelo conmigo misma y que no es tan fácil coger un bus y saludar a un montón de gente a la que echo de menos, y más si no tengo las cosas claras... Pero ¿quién las tiene claras? Absolutamente nadie, estoy haciendo el gilipollas.

Tal vez si sea buena idea volver a escribir. Tal vez incluso empiece a subir mis dibujos. Tal vez incluso vuelva cambiar mis paredes. Hay algo importante en el simbolismo de todo esto, aunque aún no lo entienda del todo.

Me da miedo cortarme el pelo. Por primera vez me estoy sintiendo a gusto y no necesito algo radicalmente diferente para sonreir al mirarme al espejo, pero sé que guardo cosas en este pelo de las que me quiero deshacer. Me da miedo hasta cortarme las puntas porque estaría diciendo adiós. Es un adiós definitivo a un modo de vida que me hizo mucho daño pero que, de alguna forma, me impidió estar sola. Y es un adiós también al momento en que decidí superar todo eso. Es un adiós al conflicto como centro de mi vida, creo, porque toca ya ponerse en serio y no hacer un drama de los sentimientos. Todos los tenemos. A esta edad ya no sirven de excusa.

Todos hemos sufrido un desamor y todos nos hemos despedido de alguien querido. Todos hemos cambiado de aires y todos hemos salido de nuestra zona de confort. Todos nos hemos levantado de las cenizas y todos nos hemos tenido que hacer cargo de nosotros mismos, hemos tenido que asumir responsabilidades y no es un drama. No es ningún drama. Pero no estoy acostumbrada a no hacer un drama de ello. Es una mierda.

Siempre me dio miedo comprometerme con algo, con cualquier cosa, y sigue sin gustarme demasiado, pero ya es como a todo el mundo. Ya no es un problema que consultar con varias personas y sobre lo que remolonear varias semanas con la excusa de no encontrarme bien emocionalmente, esto ya es algo que toca hacer y punto. Y tampoco me provoca nauseas ni me apetece hundirme en un rincón por ello, pero siempre me ha resultado desesperante la normalidad. El normalizar algo. Las películas adultas en las que la protagonista supera a su amor de juventud y sigue con su vida. Me resulta dramático. Asfixiante. Desesperante. Supongo que porque los sentimientos para mí siempre fueron lo más importante y ser consciente de que hay vida más allá, de que los mejores amigos de la infancia no duran para siempre, de que no hay nada ni nadie que sea "para toda la vida" como en un cuento de hadas, me desespera. Me hace preguntarme para qué y me hace sentirme sola. Pero bueno, por lo menos hace algún tiempo aprendí a hacerme compañía.