Y es que cada vez que me afirman, o que yo misma pienso en la perfectamente lógica, racional y correcta idea de que es imposible poseer a un ser humano, vuelves a pasearte por mi cabeza y tu sonrisa me jura que fuiste mío. Y lo fuiste... Fuiste completamente mío y, a la fuerza de una verdad tan clara, a la fuerza de un ser humano completamente desnudo y transparente, me volviste también tuya.
Cuán doloroso es pensar que las personas cambian, cuán doloroso cuando uno sabe que quien será y quien ya no es, guarda los recuerdos de quien fuiste y de que te entregaste. A quien tú te dejas saber, a quien dejas conocerte... Cuán doloroso cuando aquél te recuerda y es otra persona, cuando ya no te ve ni te siente, pero te sigue sabiendo. Porque fuiste suya. Porque eres suya. Porque de él no se escapan tus deseos ni tus pensamientos.
E imaginar y saber cuando deja de ser tuyo para siempre, cuando decide él mismo cambiar; conocer y ser de otra. Si realmente fue tuyo, si realmente llegó a serlo, el sufrimiento más grande es saber que ha desaparecido para siempre, que ya no existe quien te quiso pero te sabrá por siempre, te sabe. Y la sabe ahora también a ella, la conoce y se deja conocer. Será otra persona, no será él, ya no existe, será otro...
Pero sus suspiros seguirán siendo iguales, sus sonrisas se torcerán siempre de la misma forma, su piel tendrá exactamente el mismo tacto, algún rostro desconocido se enterrará en su pecho del mismo modo en que tú antaño lo hiciste y rodeará también su cuello con similar calidez y ternura, su cabello seguirá oliendo de la misma forma, sus manos la acariciarán a ella del mismo modo, sus orgasmos sonarán igual que cuando era a ti a quien el mismo cuerpo abrazaba y su semblante la mirará a ella con el mismo rostro con que a ti te miraba...
Cómo nos duele pensar en lo sentido. Cómo nos cuesta darnos cuenta de que se está sintiendo. Cuánto nos encanta indentificarnos en el conflicto que otro padece, y cuán molesto cuando a aquellos que nos duelen, les estalla el corazón de alegría.
"Me estás doliendo", es un continuo y silencioso reproche en las cabezas de todos los que hubimos de alejarnos. "Me estás doliendo, así que ¿por qué disfrutas, por qué ríes? Primero deja de dolerme."
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