sábado, 25 de marzo de 2017

Él.

Por algún motivo siempre acabo escribiendo en pasado melancólico. Debe de ser lo único que me inspira.

Hoy llovió y me pareció un día precioso. Curiosamente, no tengo ningún recuerdo trágico de un día de lluvia. Cuando llueve sólo soy yo, sólo soy risas, sólo soy mía. Mía como he sido siempre. El otoño era de oro y restos de caramelo, el invierno fueron guitarras, olor a quemado y cerveza, la primavera estaba hecha de chocolate suizo y el verano fueron arañas bajo las suelas de mis zapatos, pero la lluvia siempre fue mía. No lo recordaba. No recordaba que existiera algo constante en mi vida que estuviera alejado de restos de hilos rojos que hubieron de nacer en mis meñiques. No recordaba tener algo que no estuviera mancillado por sus hebras. Probablemente porque he cambiado mucho, porque llegado a ser mil personas, pero dentro de casa nunca dejé de ser mía. Nunca dejé de luchar para que me escucharan y nunca conseguí tenerlo fácil, pero tal vez por eso... Tal vez gracias a eso puedo extender los brazos sonriendo cuando llueve.

Estoy ya cansado de pensar en qué dirá la gente cuando me escucha hablar conmigo mismo. En serio, me tenéis harto, dejad que hable con el pronombre que me de la gana.

Mía. Yo, como él, ya me siento fuerte. Tal vez porque es mi parte luchadora, la parte de mí que decide salir del armario y empezar a utilizar la T como bandera. Mientras que ella, es parte del pasado, de la despedida, del ponerme por debajo y del aprender a quererme a mí misma. Puede que vaya siendo hora de dejarla ir, por mucho que la quiera, porque mucho amarme en el pasado puede acabar por olvidarme en el presente. Así que yo. Así que la aventura. Así que lo nuevo, por mucho que me equivoque, porque sé que estará bien. Ahora soy yo quién se equivoca, quien se permite equivocarse, libre, por mi cuenta, intentando saltar cada vez más alto y sin una red de socorro por debajo. Libre, yo. Trabaja. Trabájate. Fuerza. Sal corriendo. Sal ahora que tus pasos son firmes. Vuela ahora que tus zancos son de piedra. Equivócate porque es tu vida. Salta ahora porque sólo tú estás debajo.

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