domingo, 25 de junio de 2017

Compañeros de guerra (2)

Breve.

Sólo quiero que sepáis que, aunque aún no he aprendido a superarlo, jamás, pero jamás de los jamases, habría preferido no conoceros para no pasar por el duelo. Mereció la pena cada segundo, cada grito, cada lágrima, cada cabreo, cada abrazo y cada despedida.

Puede que ya suene un poco repetitivo pero, de nuevo, gracias.

Beloved, Hikari.

Beloved, Hikari.

Okey. Vale. Estoy en la mierda. Admitámoslo, estoy de nuevo en la mierda y no pasa nada porque no se puede ser perfecto. Pero no se puede salir corriendo y no se puede ignorar. Y no puedo felicitarme por esto. No quiero olvidarme de sentir pero tal vez este sea un extremo un tanto... Problemático. Sí, la ansiedad probablemente sea a causa de esto. Se me ha vuelto a olvidar cómo escribir y cada vez me siento más gilipollas. Aprendí a drogarme sin drogas y más que un avance me parece una soberana tontería. Amaba sentir cuando tenía metáforas, heridas clavadas con tinta debajo de la lengua, pero ahora necesito vivir en el mundo real y hacerme mía una vez más. Porque cuando me enfermo y no me controlo vuelvo a ser ella. Cuando pierdo el sentido de la realidad, quién siempre se hizo cargo de mi caos y mi agonía fue ella, aunque yo, él, sea quien escribe las palabras. A veces me cuesta reconocerme cuando estoy así, escribiendo, solo delante del papel. Ya que me estoy sincerando, diré la verdad: Ya no sé dónde está ella. Probablemente se haya ido, cansada de tanta tontería, y ahora me la esté inventando, tal vez por ponerle una excusa a mi huida. Tal vez porque siempre me refugié en la sexualidad femenina para hacerme resbaladiza y ahora, siendo yo, no se me ocurre una buena excusa esterotípica. Y me da igual si no utilizo bien las palabras, intento expresarme, no hacer poesía. Ella tenía toda su existencia por un lienzo en blanco con el que hacer alguna obra de arte vanguardista utilizando su propia sangre y huesos como instrumento pero ahora estas manos son mías, este blog es mío y dejémonos de gilipolleces. La amo. Me vuelve loco. Me pierde que me saquen de la realidad, pero no puede ser mía porque mío ya soy yo y no tengo tanto tiempo libre que malgastar ni tan grandes las manos como para abarcar ambas vidas. No puedo abarcar tanto porque, irónicamente, al contrario que ella yo soy sólido, y ella fue vapor. Siempre gaseosa la muy jodida. Cómo la odio. Cómo me has jodido. Cómo me jodes cuando te echo de menos. Pero, ¿sabes? Aún cuando la gente te conoció como ella y se enamoraron de nuestra persona de esa forma, creo que pudieron vislumbrarme a mí y por eso se quedaron. Porque una cosa es volverse loco por alguien y otra muy distinta, decidir quedarse. Por mí se han quedado. Tú eres interesante, tú eres niebla, tú eres tan confusa y borrosa, tan divertida y distinta que no hay quien no se interese por ti, pero sólo alguien con ganas de herirse a sí mismo se quedaría contigo. Y por eso estoy aquí. Por que por mucho que un halo de humo con sabor a aventura y peligro me escondiera durante tanto tiempo, el gas se esfuma con el tiempo y, si está todo muy impregnado, con perseverancia. Y ahora estoy aquí. Sólido, consciente, confundido, firme y jodido, pero estoy. Y que te jodan. Te amo, pero que te jodan. Estaré mejor sin ti, por mucho que te quiera de vuelta. Gracias por todo, pero ahora tengo que enfrentarme a la vida. Y estoy jodido, bien jodido, pero gracias.


Kurome, Loveless.

Beloved, Hikari.

sábado, 25 de marzo de 2017

Él.

Por algún motivo siempre acabo escribiendo en pasado melancólico. Debe de ser lo único que me inspira.

Hoy llovió y me pareció un día precioso. Curiosamente, no tengo ningún recuerdo trágico de un día de lluvia. Cuando llueve sólo soy yo, sólo soy risas, sólo soy mía. Mía como he sido siempre. El otoño era de oro y restos de caramelo, el invierno fueron guitarras, olor a quemado y cerveza, la primavera estaba hecha de chocolate suizo y el verano fueron arañas bajo las suelas de mis zapatos, pero la lluvia siempre fue mía. No lo recordaba. No recordaba que existiera algo constante en mi vida que estuviera alejado de restos de hilos rojos que hubieron de nacer en mis meñiques. No recordaba tener algo que no estuviera mancillado por sus hebras. Probablemente porque he cambiado mucho, porque llegado a ser mil personas, pero dentro de casa nunca dejé de ser mía. Nunca dejé de luchar para que me escucharan y nunca conseguí tenerlo fácil, pero tal vez por eso... Tal vez gracias a eso puedo extender los brazos sonriendo cuando llueve.

Estoy ya cansado de pensar en qué dirá la gente cuando me escucha hablar conmigo mismo. En serio, me tenéis harto, dejad que hable con el pronombre que me de la gana.

Mía. Yo, como él, ya me siento fuerte. Tal vez porque es mi parte luchadora, la parte de mí que decide salir del armario y empezar a utilizar la T como bandera. Mientras que ella, es parte del pasado, de la despedida, del ponerme por debajo y del aprender a quererme a mí misma. Puede que vaya siendo hora de dejarla ir, por mucho que la quiera, porque mucho amarme en el pasado puede acabar por olvidarme en el presente. Así que yo. Así que la aventura. Así que lo nuevo, por mucho que me equivoque, porque sé que estará bien. Ahora soy yo quién se equivoca, quien se permite equivocarse, libre, por mi cuenta, intentando saltar cada vez más alto y sin una red de socorro por debajo. Libre, yo. Trabaja. Trabájate. Fuerza. Sal corriendo. Sal ahora que tus pasos son firmes. Vuela ahora que tus zancos son de piedra. Equivócate porque es tu vida. Salta ahora porque sólo tú estás debajo.

martes, 7 de marzo de 2017

Me está creciendo el pelo.

(A veces pasan cosas buenas.)

[Puede que Osaki Nana no sea mi futuro, pero jamás dejaré de amar a mi alter ego.]

Escucho las desgarradoras guitarras de Kuroi Namida y siento. No sólo pienso, siento. La melancolía siempre está ahí, sólo hace falta fijarse para ser capaz de verla. Y para poder fijarse, para poder reconocerla, hay que saber sentir primero.

Hace mucho que no siento.
Hace mucho que solamente pienso, que dejo de frustrarme y sigo adelante pero, a veces, recuerdo lo trágico que me ha parecido siempre el concepto de seguir adelante.

A veces creo que he convertido en un conjunto cosas que no necesariamente van de la mano.

Hay muchas más cosas a parte de pensar en masculino. Antes era dueña de mí misma, sobretodo de mis sombras, pero también del resto de mí y siento que he perdido eso. Me he distraído demasiado y ahora sólo entiendo esas palabras en femenino. Dueña de mí misma. Duro. Durísimo, pero potente. Me encanta. Me refleja. Esas palabras me reflejan en femenino.

Tal vez dejé de sentir por dejar de destruirme, pero amar restregar mi piel con escarcha seca no tiene por qué ser negativo. Puedo dejar de pensar demasiado. Puedo volver a ser yo. Puedo dejar de comportarme como si yo fuera el eco que tanto echo de menos tener en a cabeza y, todavía mejor: Puedo hacerlo sola.

Sí, sigo siendo un tío, pero estas palabras me las debía en femenino. Ya las traduciré en algún momento.

Tendré que volver a pasar por el dolor para encontrar el resto del sentimiento y hoy en día sé no hacer un drama de ello. Estoy bien, pero va siendo hora de volver a ser yo. Quiero salir, quiero llorar, quiero volver a amar que me llueva encima, quiero quitarme la pereza de encima, que me vuelva a dar igual que se me arrastre una cucaracha por la bota. Me echo de menos.

He dejado de vivir porque sentirme viva y hacerme daño eran cosas que solía hacer al mismo tiempo, pero ahora tengo lógica suficiente como para controlar mi tendencia a mentir escondiéndome las muñecas sin tener que llegar a fingir que no entiendo todo el revoltijo de sangre seca que hay en los parques de mi pueblo por la noche. Lo entiendo y no por ello me hago yo también daño.

Puedo volver a sentir, a querer, a desgarrarme y a amar; a ponerme las botas y raparme la cabeza, a pasar noches sin dormir y a llorar en el hombro de una amiga. Puedo hacer todas esas cosas y no estar rota. Puedo recuperar todas las cosas que amo de mí misma sin renunciar a ponerme un traje y salir maquillado a las fiestas familiares. Puedo quererme al completo. A mí.  Puedo amarme y odiarme al mismo tiempo, porque sigo siendo una flecha de neón, pero soy mucho más que eso. Soy miedo y soy coraje. Soy pies descalzos y soy mi propia luz. Soy Hikari.

光。