martes, 29 de noviembre de 2022

Te quiero.

 Creo que necesito de ti cosas que no puedes darme. Escucho tu silencio y me pregunto si estás atravesando tormentas o simplemente te da pereza levantarte mientras, a tu lado, te estoy pidiendo ayuda y no respondes. Pido ayuda vocalmente y no respondes, o te acercas, bromeas, das un par de pasos hacia mí y después vuelves a irte por donde venías. 

Me da mucho miedo alejarme de ti porque me encantas, te adoro, me hace increíblemente feliz estar a tu lado, me siento visto y valorado, me siento incluso cuidado. Pero tienes un problema con la ayuda. Te has dejado recoger, te has dejado escuchar y has tenido mucho mimo y cuidado en proveerme a mí las cosas que me has permitido darte, pero yo necesito poder pedir ayuda, necesito poder contar con esa ayuda, he tardado años en aprender a no llevarme yo sólo a mí mismo y tú no estás en el mismo sitio. No quieres ayuda y no la permites, tampoco creo que seas capaz de comprender cuando otros la necesitan y eso hace que no pueda estar en muchos momentos a tu lado. No puedo ni quiero volver a ser alguien que no depende jamás de nadie, no puedo ni quiero volver a negarme cosas tan simples, tan humanas, tan mundanas. Necesito apoyo y necesito un cómplice, y he querido con toda mi alma que ese fuera tu lugar, pero no pareces querer tener ese sitio en la vida de nadie. Parece que te guste sufrir sólo, aunque después eso acarree que no puedas ni moverte y créeme, créeme cuando te digo que conozco esa rutina de baile mejor que nadie.

Me gustaría decirte que a veces puedo ayudarte aunque te niegues, que voy a acercarme en momentos en los que creas que debes llevarte tú sólo y que quiero compartir ese peso contigo, pero si pones barreras amor, yo no voy a pelearme. Ya no tengo 16 años, no voy a dejarme la piel por nadie y tengo suficiente comida en mi plato. En este momento no quieres a nadie tan cerca y no seré yo quien te haga ver que está bien pedir ayuda, pero ojalá te des cuenta pronto. Te amo, y puesto que te amo y te necesito cerca, voy a alejarte un tiempo hasta calmar esta necesidad, porque tú no quieres acercarte tanto. No quiero sentir carencias en mi relación contigo, así voy a alejarte, por el bien de, de alguna forma, mantenerte dentro de mi vida y de mi jardín.


Te quiero.

martes, 9 de octubre de 2018

Grow

Siempre es otoño.

Por algún motivo todo ocurre siempre aquí. No sé si habré dejado algo enterrado entre las hojas hace mucho tiempo, pero todo llega siempre aquí. Es el movimiento.  Es el tiempo. Siento que aquí es donde aprendí a respirar y también donde me quedé por primera vez sin aire.

Casi siempre tengo miedo y casi siempre hay algo tras mi oreja, pero quien solía ser vivía con tanta fuerza a pesar de tener tanto que arreglar y a mí se me han calmado los sentimientos y se ha calmado el fuego pero ¿y si quiero recuperarlo?

Tal vez valga la pena hacer que ardan mis sábanas de nuevo. Yo nunca he querido quietud en mi vida. Siempre querido magia. Siempre buscado más allá. Siempre he salido corriendo y me he partido la frente.
Tal vez sólo por ser adultos no tengamos que dejar esas cosas, tal vez no es suficiente motivo. Tal vez hay que aprender a romperse las rodillas como un niño pequeño a pesar de caminar como un adulto.

He vuelto a oler la magia. Casi la toco con mis propias manos. Puede que todo esto, a pesar de arriesgar a uno dejarlo roto y tirado en la carretera, valga la pena.
Tal vez me siga llamando Tinandeng después de todo

domingo, 25 de junio de 2017

Compañeros de guerra (2)

Breve.

Sólo quiero que sepáis que, aunque aún no he aprendido a superarlo, jamás, pero jamás de los jamases, habría preferido no conoceros para no pasar por el duelo. Mereció la pena cada segundo, cada grito, cada lágrima, cada cabreo, cada abrazo y cada despedida.

Puede que ya suene un poco repetitivo pero, de nuevo, gracias.

Beloved, Hikari.

Beloved, Hikari.

Okey. Vale. Estoy en la mierda. Admitámoslo, estoy de nuevo en la mierda y no pasa nada porque no se puede ser perfecto. Pero no se puede salir corriendo y no se puede ignorar. Y no puedo felicitarme por esto. No quiero olvidarme de sentir pero tal vez este sea un extremo un tanto... Problemático. Sí, la ansiedad probablemente sea a causa de esto. Se me ha vuelto a olvidar cómo escribir y cada vez me siento más gilipollas. Aprendí a drogarme sin drogas y más que un avance me parece una soberana tontería. Amaba sentir cuando tenía metáforas, heridas clavadas con tinta debajo de la lengua, pero ahora necesito vivir en el mundo real y hacerme mía una vez más. Porque cuando me enfermo y no me controlo vuelvo a ser ella. Cuando pierdo el sentido de la realidad, quién siempre se hizo cargo de mi caos y mi agonía fue ella, aunque yo, él, sea quien escribe las palabras. A veces me cuesta reconocerme cuando estoy así, escribiendo, solo delante del papel. Ya que me estoy sincerando, diré la verdad: Ya no sé dónde está ella. Probablemente se haya ido, cansada de tanta tontería, y ahora me la esté inventando, tal vez por ponerle una excusa a mi huida. Tal vez porque siempre me refugié en la sexualidad femenina para hacerme resbaladiza y ahora, siendo yo, no se me ocurre una buena excusa esterotípica. Y me da igual si no utilizo bien las palabras, intento expresarme, no hacer poesía. Ella tenía toda su existencia por un lienzo en blanco con el que hacer alguna obra de arte vanguardista utilizando su propia sangre y huesos como instrumento pero ahora estas manos son mías, este blog es mío y dejémonos de gilipolleces. La amo. Me vuelve loco. Me pierde que me saquen de la realidad, pero no puede ser mía porque mío ya soy yo y no tengo tanto tiempo libre que malgastar ni tan grandes las manos como para abarcar ambas vidas. No puedo abarcar tanto porque, irónicamente, al contrario que ella yo soy sólido, y ella fue vapor. Siempre gaseosa la muy jodida. Cómo la odio. Cómo me has jodido. Cómo me jodes cuando te echo de menos. Pero, ¿sabes? Aún cuando la gente te conoció como ella y se enamoraron de nuestra persona de esa forma, creo que pudieron vislumbrarme a mí y por eso se quedaron. Porque una cosa es volverse loco por alguien y otra muy distinta, decidir quedarse. Por mí se han quedado. Tú eres interesante, tú eres niebla, tú eres tan confusa y borrosa, tan divertida y distinta que no hay quien no se interese por ti, pero sólo alguien con ganas de herirse a sí mismo se quedaría contigo. Y por eso estoy aquí. Por que por mucho que un halo de humo con sabor a aventura y peligro me escondiera durante tanto tiempo, el gas se esfuma con el tiempo y, si está todo muy impregnado, con perseverancia. Y ahora estoy aquí. Sólido, consciente, confundido, firme y jodido, pero estoy. Y que te jodan. Te amo, pero que te jodan. Estaré mejor sin ti, por mucho que te quiera de vuelta. Gracias por todo, pero ahora tengo que enfrentarme a la vida. Y estoy jodido, bien jodido, pero gracias.


Kurome, Loveless.

Beloved, Hikari.

sábado, 25 de marzo de 2017

Él.

Por algún motivo siempre acabo escribiendo en pasado melancólico. Debe de ser lo único que me inspira.

Hoy llovió y me pareció un día precioso. Curiosamente, no tengo ningún recuerdo trágico de un día de lluvia. Cuando llueve sólo soy yo, sólo soy risas, sólo soy mía. Mía como he sido siempre. El otoño era de oro y restos de caramelo, el invierno fueron guitarras, olor a quemado y cerveza, la primavera estaba hecha de chocolate suizo y el verano fueron arañas bajo las suelas de mis zapatos, pero la lluvia siempre fue mía. No lo recordaba. No recordaba que existiera algo constante en mi vida que estuviera alejado de restos de hilos rojos que hubieron de nacer en mis meñiques. No recordaba tener algo que no estuviera mancillado por sus hebras. Probablemente porque he cambiado mucho, porque llegado a ser mil personas, pero dentro de casa nunca dejé de ser mía. Nunca dejé de luchar para que me escucharan y nunca conseguí tenerlo fácil, pero tal vez por eso... Tal vez gracias a eso puedo extender los brazos sonriendo cuando llueve.

Estoy ya cansado de pensar en qué dirá la gente cuando me escucha hablar conmigo mismo. En serio, me tenéis harto, dejad que hable con el pronombre que me de la gana.

Mía. Yo, como él, ya me siento fuerte. Tal vez porque es mi parte luchadora, la parte de mí que decide salir del armario y empezar a utilizar la T como bandera. Mientras que ella, es parte del pasado, de la despedida, del ponerme por debajo y del aprender a quererme a mí misma. Puede que vaya siendo hora de dejarla ir, por mucho que la quiera, porque mucho amarme en el pasado puede acabar por olvidarme en el presente. Así que yo. Así que la aventura. Así que lo nuevo, por mucho que me equivoque, porque sé que estará bien. Ahora soy yo quién se equivoca, quien se permite equivocarse, libre, por mi cuenta, intentando saltar cada vez más alto y sin una red de socorro por debajo. Libre, yo. Trabaja. Trabájate. Fuerza. Sal corriendo. Sal ahora que tus pasos son firmes. Vuela ahora que tus zancos son de piedra. Equivócate porque es tu vida. Salta ahora porque sólo tú estás debajo.

martes, 7 de marzo de 2017

Me está creciendo el pelo.

(A veces pasan cosas buenas.)

[Puede que Osaki Nana no sea mi futuro, pero jamás dejaré de amar a mi alter ego.]

Escucho las desgarradoras guitarras de Kuroi Namida y siento. No sólo pienso, siento. La melancolía siempre está ahí, sólo hace falta fijarse para ser capaz de verla. Y para poder fijarse, para poder reconocerla, hay que saber sentir primero.

Hace mucho que no siento.
Hace mucho que solamente pienso, que dejo de frustrarme y sigo adelante pero, a veces, recuerdo lo trágico que me ha parecido siempre el concepto de seguir adelante.

A veces creo que he convertido en un conjunto cosas que no necesariamente van de la mano.

Hay muchas más cosas a parte de pensar en masculino. Antes era dueña de mí misma, sobretodo de mis sombras, pero también del resto de mí y siento que he perdido eso. Me he distraído demasiado y ahora sólo entiendo esas palabras en femenino. Dueña de mí misma. Duro. Durísimo, pero potente. Me encanta. Me refleja. Esas palabras me reflejan en femenino.

Tal vez dejé de sentir por dejar de destruirme, pero amar restregar mi piel con escarcha seca no tiene por qué ser negativo. Puedo dejar de pensar demasiado. Puedo volver a ser yo. Puedo dejar de comportarme como si yo fuera el eco que tanto echo de menos tener en a cabeza y, todavía mejor: Puedo hacerlo sola.

Sí, sigo siendo un tío, pero estas palabras me las debía en femenino. Ya las traduciré en algún momento.

Tendré que volver a pasar por el dolor para encontrar el resto del sentimiento y hoy en día sé no hacer un drama de ello. Estoy bien, pero va siendo hora de volver a ser yo. Quiero salir, quiero llorar, quiero volver a amar que me llueva encima, quiero quitarme la pereza de encima, que me vuelva a dar igual que se me arrastre una cucaracha por la bota. Me echo de menos.

He dejado de vivir porque sentirme viva y hacerme daño eran cosas que solía hacer al mismo tiempo, pero ahora tengo lógica suficiente como para controlar mi tendencia a mentir escondiéndome las muñecas sin tener que llegar a fingir que no entiendo todo el revoltijo de sangre seca que hay en los parques de mi pueblo por la noche. Lo entiendo y no por ello me hago yo también daño.

Puedo volver a sentir, a querer, a desgarrarme y a amar; a ponerme las botas y raparme la cabeza, a pasar noches sin dormir y a llorar en el hombro de una amiga. Puedo hacer todas esas cosas y no estar rota. Puedo recuperar todas las cosas que amo de mí misma sin renunciar a ponerme un traje y salir maquillado a las fiestas familiares. Puedo quererme al completo. A mí.  Puedo amarme y odiarme al mismo tiempo, porque sigo siendo una flecha de neón, pero soy mucho más que eso. Soy miedo y soy coraje. Soy pies descalzos y soy mi propia luz. Soy Hikari.

光。

domingo, 20 de noviembre de 2016

Me cago en el patito.

Y llegan los 20. Y llegan las preguntas, llega la urgencia y llega la ansiedad de la vida.
"Todos hemos pasado por ahí", "al final no es para tanto", "pues espera a ver los 25", "ya verás luego la crisis de los 50".

Sí, vale, todos lo habréis vivido ya y para algunos no será para tanto. Yo ya no tengo 16, no puedo pensar sólo en mis hobbies, no puedo tomarme unas vacaciones de 3 meses, no puedo ver a mis seres queridos cada vez que me de la gana ni he sido capaz de conservar a todas las personas a las que he amado y querido en mi vida, no puedo permitirme pasar un fin de semana en el ordenador ni vivir sin preocuparme por el dinero y todas las oportunidades que he perdido hasta ahora me pesan lo suficiente como hacer que pierda el sueño por las noches.

¿Y si siento que dos años arrancándome la piel a tiras para conseguir mostrarme tal y como soy ante el espejo no fueron suficientes?

Enciendo la pantalla y leo que Yuzuru Hanyu es un dios de la perfección reconocido mundialmente con 21 años.
"Pero no te compares con los demás". Ya, claro, eso puedo decírmelo cuando no tengo una edad en la que debería estar viviendo mi época dorada y cumpliendo poco a poco mis sueños, pero resulta que tengo esa edad y no tengo ni la más mínima idea de cómo se supone que debería llegar hasta allí.

Me he caído, me he caído,  he fingido,  me he reído, he fracasado, he repetido, me he frustrado,  he llorado, me he levantado, he cambiado de aire unas 8 veces, me he deprimido, me he hundido, me he enamorado y desenamorado, he roto los lazos más importantes que he llegado al crear y me he permitido comenzar a conocerme a mí mismo, a quererme y a darme asco, a odiarme, a arrepentirme y, a veces, a perdonarme algunas cosas. Me he vuelto a levantar, me he defendido, he luchado por mí y contra mí mismo tantas veces... Y sigo en ello, supongo que como todos, queriendo ser consciente y sin querer serlo al mismo tiempo. Fingiendo no darme cuenta de que vuelve a costarme dormir por las noches y llorando de frustración porque no quiero volver jamás a esas noches de lágrimas y tabaco en el balcón, solitarias y frías como un cuchillo en la nuca.  Y a veces me miento y a veces me desmiento, pero siempre tengo miedo y siempre me siento perdido. Y vuelvo a sentirme solo, cuando creía haberme deshecho por fin de ese sentimiento que me estuvo acompañando desde siempre.

Pero no me rindo. Puedo reconocerme eso: por mucho que me muera de miedo y no tenga ni puñetera idea de lo que estoy haciendo, no me rindo. Yo soy yo y estoy aquí. Aunque esté triste, estoy aquí.

Es posible que muchos ya lo hayáis vivido, pero estos son mis jodidos 20 años y es una lucha de la que me enorgullezco.

martes, 13 de septiembre de 2016

Hoy tengo ganas de llorar.

Vuelve el otoño y con él las hojas sobre mis zapatos.
Me pregunto si volveré alguna vez a sonreír y a amar como lo hice con vosotros. Sobra decir que os echo de menos.

Esta es una carta de despedida, y un propósito de año nuevo.
Llevo meses intentando no pensar en todo lo que echo de menos, pero el otoño siempre me trae cambios, siempre lo ha hecho. Esta noche voy a repasar todos los dibujos y seguramente llore mucho.
Ya me hice ese tatuaje por vosotros y para recordarme no permitir que nada de lo vivido haya sido en vano, así que me toca levantarme aunque ya no estéis, aunque sólo yo haya visto mi recorrido.

Prometo ir a visitaros aunque ya no quede ninguno de vosotros en aquél salón. No sé cuántos meses han pasado, pero tanto yo como todos vosotros hemos pasado por allí para avanzar, así que habrá que sonreír de nuevo. Por favor no os olvidéis de mí. Yo prometo no olvidaros. Jamás sería capaz de hacerlo.

Da mucho miedo volver a llorar, chicos, os lo juro, gracias por haber estado ahí siempre, gracias por joderme, gracias por mirarme, gracias por ignorarme y por gritarme, por hacerme reír cuando estaba llorando y por darme motivos para sentirme agradecida. Para sentirme querida. Gracias por quererme y darme algo que querer.

Os echo de menos.

Da mucho miedo volver a llorar porque ya no me estáis rodeando aunque pasen las estaciones, pero sois el impulso por el que no quiero rendirme y aprendo a sentirme triste aunque me de miedo.
Me encantaría veros, abrazaros, fumar con vosotros, cantar con vosotros, abrazaros, regañaros, comer con vosotros, quejarme de vosotros... Pero al menos puedo pasarme a saludaros, aunque ya no quede ninguno de vosotros.

Hoy quiero llorar, aunque nadie me abrace. Hoy tengo que ordenar mi habitación y poner el despertador temprano, porque el otoño siempre me trae cambios. Será que sigo siendo muy sensible a las fechas, pero es ahora cuando ocurrió todo. Espero volver a encontrar a alguien en algún momento, aunque no sea necesario cuando ya os tuve a vosotros.

Hoy me toca lavar la ropa, barrer el suelo, organizar una ruta para mañana, pensar en comer regularmente y de forma balanceada, hoy me toca no faltaros al respeto. "No voy a desearte que te vaya bien porque sé que te va a ir bien", "hermanota", "te quiero", "estoy contento y a la vez triste de que te vayas", "me da esperanza verte y saber que se puede", "mira todo lo que has avanzado", "me alegra que recuerdes esas palabras", "te voy a echar de menos", "me hiciste abrir la mente", "eres una persona maravillosa", "¿quién va a tocar ahora la guitarra?", "te quiero", "¿sabes cómo se deben dar en realidad los abrazos?", "ahora estás fuerte", "tú ya lo sabes", "me alegro de que estés bien", "tú fuiste la primera persona que me cayó bien al llegar aquí", "gracias", "te voy a echar de menos", "eres un ejemplo". No pienso dejar en vano vuestras palabras. Gracias. De verdad, gracias. Y gracias por obligarme a hablar ese último día. Los días nunca me parecieron tan tristes como al irme. Gracias por pasarme el papel todas esas veces y por obligarme a hablar y a apuntarme otras tantas. Os echo mucho de menos.

Hoy me toca irme a dormir temprano para levantarme otra vez gracias a vosotros. A todos. A quienes se fueron, a quienes siguen y a quienes se irán. A todos.

Me da miedo estar triste sin vosotros.
Pero seguís aquí y no os vais a ir nunca.
Por lo menos fui capaz de decirte que te quiero a la cara, por mucho miedo que me de esa palabra.

Cuando ya he hecho todo el trabajo de reconocerme, sólo me queda llorarlo todo.
Gracias.


Gracias también papá por recogerme cuando se acabó todo.


                                                                                                                 Beloved
                                                                                                                 Hikari.
                                                                                                                 Por siempre, honesta y prática.


https://www.youtube.com/watch?v=-1nEqVhcjfU

sábado, 3 de septiembre de 2016

No sé.

A veces me apetece volver a escribir. Sé que recuerdo cómo hacerlo y sé que tengo toneladas de cosas que soltar aquí, pero por algún motivo me retengo.

Basura emocional, siempre, pero el metal en las muñecas lo tengo agotado y lo agradezco.

Tengo tinta en los brazos. Recuerdos borrosos por las lágrimas, pero palabras que se me han quedado grabadas. Agridulce.

Basura emocional sigue habiendo, pero las muñecas las tengo curadas. Y sé lo que hacer con estos sentimientos. La cosa es que me cuesta, como a todo ser humano. Pero puedo escribir. Cuesta, pero puedo hacerlo y, de hecho, creo que hasta me apetece. Sólo que da miedo volver a manosear emociones fuertes y escribirlas en el momento. Últimamente estoy cobardica y no me estoy moviendo.

"No te voy a desear que te vaya bien porque sé que te va a ir bien." Al principio estas palabras sonaron como un peso en la espalda, pero al poco tiempo fui capaz de entenderlas. La soledad ya no la tengo y la desesperanza tampoco. Puedo moverme y sé hacerlo. No pasa nada si me cuesta, si me caigo o si me cuesta levantarme porque ya no necesito que me lleven a rastras. Eso es lo importante.

Creo que llevo unas semanas haciendo el gilipollas. No queriendo escuchar todas las cosas que echo de menos. Supongo que, de alguna forma, sigo en duelo conmigo misma y que no es tan fácil coger un bus y saludar a un montón de gente a la que echo de menos, y más si no tengo las cosas claras... Pero ¿quién las tiene claras? Absolutamente nadie, estoy haciendo el gilipollas.

Tal vez si sea buena idea volver a escribir. Tal vez incluso empiece a subir mis dibujos. Tal vez incluso vuelva cambiar mis paredes. Hay algo importante en el simbolismo de todo esto, aunque aún no lo entienda del todo.

Me da miedo cortarme el pelo. Por primera vez me estoy sintiendo a gusto y no necesito algo radicalmente diferente para sonreir al mirarme al espejo, pero sé que guardo cosas en este pelo de las que me quiero deshacer. Me da miedo hasta cortarme las puntas porque estaría diciendo adiós. Es un adiós definitivo a un modo de vida que me hizo mucho daño pero que, de alguna forma, me impidió estar sola. Y es un adiós también al momento en que decidí superar todo eso. Es un adiós al conflicto como centro de mi vida, creo, porque toca ya ponerse en serio y no hacer un drama de los sentimientos. Todos los tenemos. A esta edad ya no sirven de excusa.

Todos hemos sufrido un desamor y todos nos hemos despedido de alguien querido. Todos hemos cambiado de aires y todos hemos salido de nuestra zona de confort. Todos nos hemos levantado de las cenizas y todos nos hemos tenido que hacer cargo de nosotros mismos, hemos tenido que asumir responsabilidades y no es un drama. No es ningún drama. Pero no estoy acostumbrada a no hacer un drama de ello. Es una mierda.

Siempre me dio miedo comprometerme con algo, con cualquier cosa, y sigue sin gustarme demasiado, pero ya es como a todo el mundo. Ya no es un problema que consultar con varias personas y sobre lo que remolonear varias semanas con la excusa de no encontrarme bien emocionalmente, esto ya es algo que toca hacer y punto. Y tampoco me provoca nauseas ni me apetece hundirme en un rincón por ello, pero siempre me ha resultado desesperante la normalidad. El normalizar algo. Las películas adultas en las que la protagonista supera a su amor de juventud y sigue con su vida. Me resulta dramático. Asfixiante. Desesperante. Supongo que porque los sentimientos para mí siempre fueron lo más importante y ser consciente de que hay vida más allá, de que los mejores amigos de la infancia no duran para siempre, de que no hay nada ni nadie que sea "para toda la vida" como en un cuento de hadas, me desespera. Me hace preguntarme para qué y me hace sentirme sola. Pero bueno, por lo menos hace algún tiempo aprendí a hacerme compañía.