Ardo.
Es más bonito usar la retórica y escribir tu nombre tachado con el rojo de mi sangre. Suena bonito. Escuece mejor.
Digamos que me encantó perforar una piel que lloraba por recuerdos. Harta ya del hielo, prendo fuego a tus fotos, a todas -menos una, aquella que solía utilizar para saciar memorias y está ya resquebrajada-. Es más bonito así. Dulzón. Nunca me gustaron las historias tristes ni las de ensueño. Siempre estuve esperando por un drama.
Con las manos cubiertas de ampollas, me dispongo a escribirte una última carta. Te maldeciría, pero es demasiado fácil. Prefiero escribir una y otra vez tu nombre hasta rasgar el papel, reírme a carcajadas y bailar sobre mi propia tumba.
Me quito los zapatos, las pieles, la verguenza, el reproche, el miedo, los corazones, el sufrimiento... Y me quedo con el placer, con las heridas, con la tinta y la locura.
Saldré de nuevo patear las calles, a emborrachar mis esperanzas, a destaparme los pechos, a bailar desnuda, a bañarme en los ojos de otros, a divertirme encantando, hechizando, cantando, recorriendo algunas manos con mi cuerpo y con mis labios.
No hacen falta muchas palabras, hace falta fiesta y sudor, sonrisas y sangre, éxito y alcohol, mentiras y sexo.
Vuelve a buscar a tus dioses entre mis piernas y volveré a susurrarte que existen al oído. Desgárrate el vientre saciándote en mí, agárrame fuerte, desapareceré en cualquier momento. Seré tan escurridiza como pretendes que sea, al tiempo que te arrodilles rogándome, suplicándome, como me encanta verte.
Más... Pero no lo suficiente. Déjame con las ganas. Tortúrame. Átame. Muérdeme. Engáñame. Aráñame. Agárrame fuerte... Que desaparezco.
Te volveré a dejar medio roto, si te encuentro. O si me encuentras, aunque te escuezan las quemaduras. Busca donde haya fuego, sabes que me encanta marcar el suelo donde piso...
...y devuélveme el mechero.
sábado, 7 de noviembre de 2015
miércoles, 4 de noviembre de 2015
"Mentiras". "Nosotros".
No sé por qué me molesto en recordarte. No debería hacerlo. Llevo meses jurándome que no volverá a ocurrir... Pero el dolor es adictivo, ¿sabes? Debe de ser lo único que me une a ti. Debe de ser el motivo por el que siempre me has gustado tanto, desde el mismísimo principio.
Sólo eres las guitarras que utilicé para deleitarme cuando me cansé de salir a abrir los brazos bajo mi lluvia plateada. Un cambio de corte de pelo cuando dejaron de morderme las orejas.
En el fondo todo se reduce a mí. A mis gilipolleces, a mi odio por mí misma, a que me cuesta entrar en mi propia casa y me invento romances imposibles para frustrarme y frustraros. Porque no eres el primero, pero deberías ser el último.
Autosatisfacción. Autobiografía. Tonterías. Idealización. Eco. Tabaco. Yo. Suficiente.
Es suficiente. Ya va siendo hora de que te deje enredarte entre tus fantasmas, sé que no cerraste los cajones con llave y que los miras de vez en cuando. Te olvidarás de mí, no pasa nada, es lo de siempre.
A mí me queda el recordatorio de que me abrí paso a golpes dentro de ti, regodeándome en cada puñalada que recibí de tus defensas. Y me siguen cayendo. Me las sigues tirando. Tú y tus alucinaciones. Porque nunca llegaste a verme, pero yo me sé tus andares de memoria. Y de nuevo, yo. Qué idiota. Con lo que cuesta despegarse de alguien bien conocido.
Pero, en fin, me recuerdo y "nos" recuerdo, y nunca fui más que otro fantasma en esto. Tú ocupabas todo el espacio y ahora me toca mirarme a secas, sin licor, sin porros, sin mentiras, sin ti. Estaré bien, no pasa nada. Algo como esto no puede ser amor verdadero. No es posible. Amor es cuidado y tú no llegaste ni a quererme.
Pero.
...Pero...
Pero yo sólo sé escribir cuando no sé hablar y nunca supe escribir a tu lado.
Sólo eres las guitarras que utilicé para deleitarme cuando me cansé de salir a abrir los brazos bajo mi lluvia plateada. Un cambio de corte de pelo cuando dejaron de morderme las orejas.
En el fondo todo se reduce a mí. A mis gilipolleces, a mi odio por mí misma, a que me cuesta entrar en mi propia casa y me invento romances imposibles para frustrarme y frustraros. Porque no eres el primero, pero deberías ser el último.
Autosatisfacción. Autobiografía. Tonterías. Idealización. Eco. Tabaco. Yo. Suficiente.
Es suficiente. Ya va siendo hora de que te deje enredarte entre tus fantasmas, sé que no cerraste los cajones con llave y que los miras de vez en cuando. Te olvidarás de mí, no pasa nada, es lo de siempre.
A mí me queda el recordatorio de que me abrí paso a golpes dentro de ti, regodeándome en cada puñalada que recibí de tus defensas. Y me siguen cayendo. Me las sigues tirando. Tú y tus alucinaciones. Porque nunca llegaste a verme, pero yo me sé tus andares de memoria. Y de nuevo, yo. Qué idiota. Con lo que cuesta despegarse de alguien bien conocido.
Pero, en fin, me recuerdo y "nos" recuerdo, y nunca fui más que otro fantasma en esto. Tú ocupabas todo el espacio y ahora me toca mirarme a secas, sin licor, sin porros, sin mentiras, sin ti. Estaré bien, no pasa nada. Algo como esto no puede ser amor verdadero. No es posible. Amor es cuidado y tú no llegaste ni a quererme.
Pero.
...Pero...
Pero yo sólo sé escribir cuando no sé hablar y nunca supe escribir a tu lado.
Necesitaba hacerte daño.
Supongo que llevo demasiado tiempo encerrada en una pequeña bola de cristal creyendo que el combustible de mis pulmones era puro algodón y que por eso te tenía tanta alergia, pero resulta que tan sólo era asco.
Te imagino arder contínuamente -siendo yo quien carga con tinta en vez de sangre-, aunque el alcohol que llena tu pecho nunca ha sido cosa mía. Yo sólo quise quemarlo, quise poder calentarme contigo tras haberte regalado tantos anillos y quedarme descalza bajo un cielo que sólamente yo veía estrellado.
De verdad, que te jodan. Me paso la vida con acordes punkis en la cabeza cuando ni siquiera estoy segura de que de verdad me gusten y acabo por olvidarme del mundo intentando dejar de cantarte, acordándome cada noche de que en realidad no sé hacerlo... Pero siempre fui de las que aprenden a saltar corriendo. Y aprenderé a tirarme al abismo y aprenderé a sacar calor de trozos de pastel de manzana mal hechos.
No me importa estar sola. Me es más fácil empezar a volar sin piedras bajo la lengua.
lunes, 2 de noviembre de 2015
Lo que me preocupa es pasarme la vida buscando ese calor.
Fue un caso aislado. No me lo recuerdes. Me divierte la idea, pero tampoco sé si quiero recordarlo. Qué verguenza. No es nada humillante pero, aún así, qué verguenza. Me siento como una estúpida colegiala emocionada por tonterías imaginarias. Además, en estas cosas nunca soy correspondida y no me sorprende. Supongo que me he acostumbrado. Supongo que me he empeñado en perseguir un estúpido globo cada vez más amarillo, y eso que siempre me estoy quejando de los colores brillantes.
No lo valgo. No valgo para hacerme la infantil ni para creerme que mis dolores no existen porque los tapa una alegría más grande. Claro que no valgo para esto. Estoy hecha para cosas más grandes, pero nunca desconecto el cable por miedo a que se me agote la batería y así nunca se sale de casa. Es una tontería, por supuesto, obviadlo antes de leerme, pero no estoy acostumbrada a correr sola a pesar de no haber llegado nunca a salir del punto de partida en compañía. Menuda idiota.
Pero aún así... Aún así hay algo rescatable en todo aquello, algo importante que estaba buscando sin darme cuenta. Algo que debo de haber estado buscando desde hace demasiados años...
Tan amable e inocente, ella tenía las manos calientes y yo llevo siglos congelándome tras el almacén de un hotel abandonado. Que ni siquiera estaba dentro, yo estaba abandonada en solitario y, en el fondo, lo sigo estando. Sigo persiguiendo el rastro de sangre caliente de alguien que derrocha vida, de alguien que sabe arañarse sin considerarse roto, de alguien a quien no le importa hacerse un par de heridas mientras sale en busca de aventura. Alguien joven y enérgico, alguien dulce e ingenuo capaz de hacerme sentir tranquila y contenta, capaz de guiarme entre un montón de gente mientras el mundo se me cae encima y a mí me da igual. De verdad que no me importa lo más mínimo. Rompedme la cara y volved a apuñalarme con los cristales rotos del portaretratos que guardaba el recuerdo de su abrazo en medio de un baile en aquella boda. De verdad que no me importa ya, ahora que, aunque fuera por una noche, a mí ya me salvaron sus pequeñas manos calientes.
No lo valgo. No valgo para hacerme la infantil ni para creerme que mis dolores no existen porque los tapa una alegría más grande. Claro que no valgo para esto. Estoy hecha para cosas más grandes, pero nunca desconecto el cable por miedo a que se me agote la batería y así nunca se sale de casa. Es una tontería, por supuesto, obviadlo antes de leerme, pero no estoy acostumbrada a correr sola a pesar de no haber llegado nunca a salir del punto de partida en compañía. Menuda idiota.
Pero aún así... Aún así hay algo rescatable en todo aquello, algo importante que estaba buscando sin darme cuenta. Algo que debo de haber estado buscando desde hace demasiados años...
Tan amable e inocente, ella tenía las manos calientes y yo llevo siglos congelándome tras el almacén de un hotel abandonado. Que ni siquiera estaba dentro, yo estaba abandonada en solitario y, en el fondo, lo sigo estando. Sigo persiguiendo el rastro de sangre caliente de alguien que derrocha vida, de alguien que sabe arañarse sin considerarse roto, de alguien a quien no le importa hacerse un par de heridas mientras sale en busca de aventura. Alguien joven y enérgico, alguien dulce e ingenuo capaz de hacerme sentir tranquila y contenta, capaz de guiarme entre un montón de gente mientras el mundo se me cae encima y a mí me da igual. De verdad que no me importa lo más mínimo. Rompedme la cara y volved a apuñalarme con los cristales rotos del portaretratos que guardaba el recuerdo de su abrazo en medio de un baile en aquella boda. De verdad que no me importa ya, ahora que, aunque fuera por una noche, a mí ya me salvaron sus pequeñas manos calientes.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Y el mundo está lleno de traidores.
¿De verdad hay esperanza en la deriva? ¿Hay esperanza en alguna parte? ¿No es todo este mundo un gran mar caprichoso que nos otorga la vida y nos la arrebata con cada ola? Y es imposible recuperarte de tu propia muerte, por muchas veces que vivas. A mí no me merece la pena.
Llevo ya mucho tiempo intentando sonreir, pero tan sólo me ahogaba en mi propia supervivencia. Y me da muchísima pena hacer esto.
Yo de verdad creí haber sido feliz y esos recuerdos vuelven para atormentarme cada noche. Y odio demasiado hacer esto. Sólo necesito escribir cuando me caducan las entrañas. Y todo es una mierda. La gente sigue creyendo que vivo bien y que estoy contenta, que tengo las cosas claras y supero mis quemaduras, que abro las puertas a patadas y... no. No. Basta con saber que no sé levantarme por las mañanas, que no sé si sigo exagerando cosas en mi cabeza, que no sé si alguien alguna vez me ha visto, que no sé por qué publico mis palabras.
Antes me movía por inercia. Hay una diferencia clara: A día de hoy lo intento hacer, no dejo que me lleve la corriente, intento vivirme, intento arreglarme, intento atarme los anillos de los zapatos para no estar desarmada cuando tengo claro que la vida va aponerme boca abajo... Intento escribir cuando siento que no puedo respirar. Me abro un hueco en el papel y dejo aquí una pequeña parte de mí, de mi dolor, más tranquila.
Sé que no se quedará allí para siempre, sé que volverá a mí en cuanto me recueste, en cuanto deje de estar ocupada, se me pegará a la piel bajando lentamente hasta los pulmones y comenzará a llenarme los alveolos de tinta y me robará el poco oxígeno que me queda... Pero, al menos, ahora mismo puedo respirar. Mal y poco, pero puedo respirar.
Llevo ya mucho tiempo intentando sonreir, pero tan sólo me ahogaba en mi propia supervivencia. Y me da muchísima pena hacer esto.
Yo de verdad creí haber sido feliz y esos recuerdos vuelven para atormentarme cada noche. Y odio demasiado hacer esto. Sólo necesito escribir cuando me caducan las entrañas. Y todo es una mierda. La gente sigue creyendo que vivo bien y que estoy contenta, que tengo las cosas claras y supero mis quemaduras, que abro las puertas a patadas y... no. No. Basta con saber que no sé levantarme por las mañanas, que no sé si sigo exagerando cosas en mi cabeza, que no sé si alguien alguna vez me ha visto, que no sé por qué publico mis palabras.
Antes me movía por inercia. Hay una diferencia clara: A día de hoy lo intento hacer, no dejo que me lleve la corriente, intento vivirme, intento arreglarme, intento atarme los anillos de los zapatos para no estar desarmada cuando tengo claro que la vida va aponerme boca abajo... Intento escribir cuando siento que no puedo respirar. Me abro un hueco en el papel y dejo aquí una pequeña parte de mí, de mi dolor, más tranquila.
Sé que no se quedará allí para siempre, sé que volverá a mí en cuanto me recueste, en cuanto deje de estar ocupada, se me pegará a la piel bajando lentamente hasta los pulmones y comenzará a llenarme los alveolos de tinta y me robará el poco oxígeno que me queda... Pero, al menos, ahora mismo puedo respirar. Mal y poco, pero puedo respirar.
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