domingo, 1 de noviembre de 2015

Y el mundo está lleno de traidores.

¿De verdad hay esperanza en la deriva? ¿Hay esperanza en alguna parte? ¿No es todo este mundo un gran mar caprichoso que nos otorga la vida y nos la arrebata con cada ola? Y es imposible recuperarte de tu propia muerte, por muchas veces que vivas. A mí no me merece la pena.

Llevo ya mucho tiempo intentando sonreir, pero tan sólo me ahogaba en mi propia supervivencia. Y me da muchísima pena hacer esto.
   Yo de verdad creí haber sido feliz y esos recuerdos vuelven para atormentarme cada noche. Y odio demasiado hacer esto. Sólo necesito escribir cuando me caducan las entrañas. Y todo es una mierda. La gente sigue creyendo que vivo bien y que estoy contenta, que tengo las cosas claras y supero mis quemaduras, que abro las puertas a patadas y... no. No. Basta con saber que no sé levantarme por las mañanas, que no sé si sigo exagerando cosas en mi cabeza, que no sé si alguien alguna vez me ha visto, que no sé por qué publico mis palabras.
   Antes me movía por inercia. Hay una diferencia clara: A día de hoy lo intento hacer, no dejo que me lleve la corriente, intento vivirme, intento arreglarme, intento atarme los anillos de los zapatos para no estar desarmada cuando tengo claro que la vida va aponerme boca abajo... Intento escribir cuando siento que no puedo respirar. Me abro un hueco en el papel y dejo aquí una pequeña parte de mí, de mi dolor, más tranquila.
   Sé que no se quedará allí para siempre, sé que volverá a mí en cuanto me recueste, en cuanto deje de estar ocupada, se me pegará a la piel bajando lentamente hasta los pulmones y comenzará a llenarme los alveolos de tinta y me robará el poco oxígeno que me queda... Pero, al menos, ahora mismo puedo respirar. Mal y poco, pero puedo respirar.

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