Fue un caso aislado. No me lo recuerdes. Me divierte la idea, pero tampoco sé si quiero recordarlo. Qué verguenza. No es nada humillante pero, aún así, qué verguenza. Me siento como una estúpida colegiala emocionada por tonterías imaginarias. Además, en estas cosas nunca soy correspondida y no me sorprende. Supongo que me he acostumbrado. Supongo que me he empeñado en perseguir un estúpido globo cada vez más amarillo, y eso que siempre me estoy quejando de los colores brillantes.
No lo valgo. No valgo para hacerme la infantil ni para creerme que mis dolores no existen porque los tapa una alegría más grande. Claro que no valgo para esto. Estoy hecha para cosas más grandes, pero nunca desconecto el cable por miedo a que se me agote la batería y así nunca se sale de casa. Es una tontería, por supuesto, obviadlo antes de leerme, pero no estoy acostumbrada a correr sola a pesar de no haber llegado nunca a salir del punto de partida en compañía. Menuda idiota.
Pero aún así... Aún así hay algo rescatable en todo aquello, algo importante que estaba buscando sin darme cuenta. Algo que debo de haber estado buscando desde hace demasiados años...
Tan amable e inocente, ella tenía las manos calientes y yo llevo siglos congelándome tras el almacén de un hotel abandonado. Que ni siquiera estaba dentro, yo estaba abandonada en solitario y, en el fondo, lo sigo estando. Sigo persiguiendo el rastro de sangre caliente de alguien que derrocha vida, de alguien que sabe arañarse sin considerarse roto, de alguien a quien no le importa hacerse un par de heridas mientras sale en busca de aventura. Alguien joven y enérgico, alguien dulce e ingenuo capaz de hacerme sentir tranquila y contenta, capaz de guiarme entre un montón de gente mientras el mundo se me cae encima y a mí me da igual. De verdad que no me importa lo más mínimo. Rompedme la cara y volved a apuñalarme con los cristales rotos del portaretratos que guardaba el recuerdo de su abrazo en medio de un baile en aquella boda. De verdad que no me importa ya, ahora que, aunque fuera por una noche, a mí ya me salvaron sus pequeñas manos calientes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario