miércoles, 4 de noviembre de 2015

Necesitaba hacerte daño.



Supongo que llevo demasiado tiempo encerrada en una pequeña bola de cristal creyendo que el combustible de mis pulmones era puro algodón y que por eso te tenía tanta alergia, pero resulta que tan sólo era asco.

Te imagino arder contínuamente -siendo yo quien carga con tinta en vez de sangre-, aunque el alcohol que llena tu pecho nunca ha sido cosa mía. Yo sólo quise quemarlo, quise poder calentarme contigo tras haberte regalado tantos anillos y quedarme descalza bajo un cielo que sólamente yo veía estrellado.

De verdad, que te jodan. Me paso la vida con acordes punkis en la cabeza cuando ni siquiera estoy segura de que de verdad me gusten y acabo por olvidarme del mundo intentando dejar de cantarte, acordándome cada noche de que en realidad no sé hacerlo... Pero siempre fui de las que aprenden a saltar corriendo. Y aprenderé a tirarme al abismo y aprenderé a sacar calor de trozos de pastel de manzana mal hechos.

No me importa estar sola. Me es más fácil empezar a volar sin piedras bajo la lengua.

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