sábado, 6 de febrero de 2016

Despedida.

Puedo volver a desarrollar otras ochenta y tres hipótesis sobre por qué no funcionó y sobre como tú tuviste la culpa. Puedo volver a esconderme en una esquina a llorar y fingir, cada vez que te saludo sonriendo. Puedo volver a pasarme el día criticando los errores de los que, como buen ser humano que eres, estás lleno. Puedo salir a restregarme contra el guaperas de turno y creerme que te estoy haciendo algún tipo de daño. Puedo contarte, como si fueras mi amigo, cómo todo ese tiempo contigo no significó nada y que tengo a alguien verdaderamente importante que ha demostrado que le importo más de lo que llegué a importarte a ti... Pero, honestamente, ya estoy aburrida. Aburrida de ti, aburrida de rayarme y aburrida de no saber cuándo hablar en masculino. Sí, borré tus mensajes, sí, los borré todos. Sí, borré tus fotos, no, no las borré todas. No, no he tirado el collar. Está en el mismo cajón en el que guardo el mechero de un ángel, la llave de un lobo, la carta de socorro de una princesa en apuros, el bolso mágico de un pariente lejano y una pulsera de mi padre. Está junto a las cosas que alguna vez fueron importantes. Esos recuerdos me gusta guardarlos. No voy a amargarme la vida por haber tenido un mes amargo.

Puede que me olvide de haberte conocido, puede que me olvide de llamarte hermoso para ironizar sobre tu cara, puede que me olvide de cuando me rescatasteis de las peleas en casa, puede que me olvide de las cenas con tu madre, puede que me olvide de la noche en el hospital para ver a tu abuelo, puede que me olvide de los álbumes llenos de fotos de cuando eras pequeño, puede que me olvide de Cuenca, que me olvide de tus composiciones, o de esas noches en vela llorando mientras tú dormías, o de los besos en el autobús, o de la fiesta previa a raparme el pelo, o de la bronca por el semi-engaño, o de la cita de san valentín, o de todas nuestras canciones, de la piscina por la noche, de mantenerlo en secreto ante tus padres, de la rata, de preocuparme por tu hermano, de las clases de filosofía disfrazadas de matemáticas, de rattatouille o como sea que se escriba, de mi oreja derecha prácticamente desfigurada... O puede que en algún momento recuerde algo. Puede ser. Pero ya es pasado. Ya toda "nuestra" historia es respirable, sin necesidad de trajes de neopreno. Ya ha dejado de fluir y, joder, qué alivio. La verdad es que sí, lo estaba pasando mal, para qué mentirme. Y también es cierto que ya no te conozco. Conozco tus traumas, 100% cierto, pero no tengo ni idea de lo que eres ahora. La gente cambia deprisa, sobretodo a estas edades. Y podemos llevarnos bien, claro, pero al separarme de ti conseguí llegar a ser alguien que, analizándolo fríamente, no tiene nada que ver contigo. Y este es el último escrito que tengo para ti. Tal vez llega un poco tarde, pero la despedida de mis palabras también era necesaria. Gracias por disculparte, realmente me hacía falta escuchar eso de tu boca.

Los meses pasan rápido y ya tengo memorias distintas para cada estación, no hay muchas cosas que se puedan relacionar con los mareos que solía tener hace dos años. Ni con mis malas decisiones. Así que adiós, adiós para siempre, gato, rana, guitarra, hermoso, o musa de mis escritos  más depresivos. Adiós y gracias por hacerme pasar un rato divertido.

30/01

Que me da asco tu existencia y ese es el tema. Que últimamente solamente que te acerques, que respires, que me cuenten que sigues continuando tus mentiras,tus falacias, tus caídas, me arrepiente. Me arrepiento. Me arrepiento de tantas tonterías. Me arrepiento tanto de haberte querido, de haberte entregado tantos pedazos de mí poco a poco, gota a gota estuve a punto de entregarme entera y, al irte, me habría roto y, al haberme ido yo, habría desaparecido. Me habría desvanecido. No me habría ido nunca. Me habría quedado hasta permitir que absorbieras absolutamente todo lo que yo era, todo lo que yo fui, todo lo que he llegado y conseguido ser/hacer con tanto esfuerzo, se habría ido, habría desaparecido para siempre por ti. Por tus locuras, por tus tonterías, por tus caras de enamorado y tus faltas de cariño. Por tus te quiero. Por tus mi vida. Por esas noches fingiendo hacerme el amor mientras solamente me follabas fuertemente, saciando tu ira o complejo. Complejo de Edipo. Qué complicado. Otra vez con lo mismo, la misma historia, la misma tontería. Ya no sé si fiarme de tus buenas intenciones, ya no sé si fiarme de si alguna vez las hubo, ya no quiero volver a escuchar tu voz ni ver tu rostro porque te entregué casi todo lo que tenía y solamente me quedó un suspiro, un resquicio de cordura para salir corriendo y gracias al cielo que lo tuve porque, de no haberlo tenido, yo ya no sería. Ya no sería yo y ya nos sería nadie. Y me falta tanto ahora. Quedó solamente ese resquicio de cordura y es lo único que queda. Eso y arrepentimiento y ganas de volver. Ganas de volver a salir corriendo detrás de ti y dártelo todo a pesar de que tú nunca diste nada jamás. Jamás de los jamases. Creíste darlo, creíste que con salir corriendo de un auditorio solamente para verme porque pensabas que estaba mal, era suficiente. Creíste que con eso ya me conocías, creíste que con eso ya me querías y era mentira para ti, para mí y para todos. Siempre fue mentira, siempre fue una historieta de mierda que nos creímos por gilipollas, por idealistas, por intentos de anarquistas. ¿Qué amor libre ni qué monogamia, si no somos si tan siquiera capaces de hablar de sinceridad? Nunca lo fuimos. Nunca lo fuiste y me pegué como una lapa a eso. odas las cosas que te di eran palabras mayores. Hasta mis padres te echan de menos más de lo que me quieren a mí cada vez que sales por la puerta. Te pegaste, te adheriste a todos los rincones de mi vida y ahora no me queda un solo resquicio de mí en mí, Me encuentro solo en una habitación en la que solamente hay fotos tuyas y voces tuyas y sonrisas tuyas y estúpidas guitarras de mierda. Y me sigue faltando la respiración, no porque me ahorques con un cinturón mientras me follas salvajemente, no. Porque te fuiste. Porque me fui. Porque decidí vivir mi vida por mí misma. Porque decidí dejar de darte y ahora me queda menos. Menos que nada. Menos de lo que tenía cuando estaba contigo porque te lo daba todo, sí, pero estaba contigo.

30/01 (2)

Y seguiré respirando tu nombre entre verso
y verso y seguiré echándote de menos como si aún existieras,
como si alguna vez lo hubieras hecho.

Me seguirá faltando algo cada vez que abrace a otro,
cada vez que me coman a besos,
cada vez que me acaricien y me mientan al oído,
me estará faltando esa locura.

Y echaré de menos que me susurren estúpidas palabras de amor al oído...
No.
Echare de menos creer que no son mentira.

Podría agradecerte que te fueras, que me dieras la oportunidad de cambiar, pero no tengo intenciones de mentirte. No ayudaste. No ayudaste en nada. No es algo para agradecer que te fueras, que intentaras arrasar conmigo y me abandonaras.

No voy a agradecerte que te fueras
No voy a agradecerte que te fueras y no voy a agradecerte que me intentaras arrasrar contigo porque lo odio y te odio. Porque odio que te fueras, odio que me abandonaras y odio que fueras semejante pedazo de mierda como para romperme casi completamente y te odio. Y no voy a agradecerte porque te sigo echando de menos. No puedo agradecerte que me hicieras más fuerte porque no lo hiciste. Solamente devoraste las cosas que te llevaste de mí en mal orden. Debiste llevarte primero la cordura. Debiste llevarte primero las ganas de vivir. De haberlo hecho, todo sería tuyo ahora. Pero fuiste llevándote otras cosas poco a poco. Te llevaste el compromiso, te llevaste las ganas de amar. Te llevaste el compromiso, perdiendo el tiempo. Te llevaste las ganas de amar, mintiendo. Te llevaste la ilusión. Te llevaste la música. Te llevaste las sonrirsas. Te llevaste el respeto por mí misma a base de sexo y drogas. Te lo llevaste prácticamente todo, pero en mal orden. Debiste llevarte primero la cordura y debiste llevarte primero las ganas de vivir. De haberlo hecho, aún seguiría siendo tuya.

Y, de nuevo, caminamos.

Hace mucho que no escribo. Llevo un rato largo enfrentándome a mí misma. Desde siempre, o me recreo en un estúpido dolor superficial en el que, por no descubrir que es todo mentira, me paso la vida usando metáforas, o me inspira una falsa sensación de bienestar para agitar la pluma. Pero no, el movimiento de mis muñecas sigue sin ser mentira.

Parece que estuviera sola ante el folio, pero me acompañan demasiados sentimientos, demasiado de esta vida que se está quedando atrás. Hacerse mayor son palabras mayores y yo ya me estoy quedando sin paracaídas, por si me provoca alguna locura. Parece que dejara de tener preferencia ante el mundo, que dejaran de considerarme necesitada, que pasara a ser una más... Tan sólo otro ser humano. Y es difícil, Es difícil dejar de tener protagonismo y es difícil aprender a confiar en uno mismo. Pero también parece que se puede. Parece que me alejo tres canciones y vuelvo cuatro. Está bien, puedo permitírmelo. No necesito paracaídas porque no estoy rota y esto significa aprender a montar en bici como cualquiera, pero unos años por detrás. Sí, me caigo el mismo número de veces que un crío de cuatro años, pero mi determinación es distinta, mi paciencia es mayor y mi conocimiento sobre mí misma, más amplio. Tengo ventaja sobre los aprendices de ser humano y eso ya es algo. No tengo desventaja con quienes se lanzan habiendo aprendido porque ya he superado esa frustración. Estoy en un punto intermedio, como un filósofo ante un sabio y algún que otro polemista. Tonterías y retos, que en eso se basan las maniobras complicadas.

Y, en cuanto a las espadas... me gustaría manejar el hielo, como a cualquiera, pero prefiero esperar a no tener una cuenta regresiva tras la espalda.