Puedo volver a desarrollar otras ochenta y tres hipótesis sobre por qué no funcionó y sobre como tú tuviste la culpa. Puedo volver a esconderme en una esquina a llorar y fingir, cada vez que te saludo sonriendo. Puedo volver a pasarme el día criticando los errores de los que, como buen ser humano que eres, estás lleno. Puedo salir a restregarme contra el guaperas de turno y creerme que te estoy haciendo algún tipo de daño. Puedo contarte, como si fueras mi amigo, cómo todo ese tiempo contigo no significó nada y que tengo a alguien verdaderamente importante que ha demostrado que le importo más de lo que llegué a importarte a ti... Pero, honestamente, ya estoy aburrida. Aburrida de ti, aburrida de rayarme y aburrida de no saber cuándo hablar en masculino. Sí, borré tus mensajes, sí, los borré todos. Sí, borré tus fotos, no, no las borré todas. No, no he tirado el collar. Está en el mismo cajón en el que guardo el mechero de un ángel, la llave de un lobo, la carta de socorro de una princesa en apuros, el bolso mágico de un pariente lejano y una pulsera de mi padre. Está junto a las cosas que alguna vez fueron importantes. Esos recuerdos me gusta guardarlos. No voy a amargarme la vida por haber tenido un mes amargo.
Puede que me olvide de haberte conocido, puede que me olvide de llamarte hermoso para ironizar sobre tu cara, puede que me olvide de cuando me rescatasteis de las peleas en casa, puede que me olvide de las cenas con tu madre, puede que me olvide de la noche en el hospital para ver a tu abuelo, puede que me olvide de los álbumes llenos de fotos de cuando eras pequeño, puede que me olvide de Cuenca, que me olvide de tus composiciones, o de esas noches en vela llorando mientras tú dormías, o de los besos en el autobús, o de la fiesta previa a raparme el pelo, o de la bronca por el semi-engaño, o de la cita de san valentín, o de todas nuestras canciones, de la piscina por la noche, de mantenerlo en secreto ante tus padres, de la rata, de preocuparme por tu hermano, de las clases de filosofía disfrazadas de matemáticas, de rattatouille o como sea que se escriba, de mi oreja derecha prácticamente desfigurada... O puede que en algún momento recuerde algo. Puede ser. Pero ya es pasado. Ya toda "nuestra" historia es respirable, sin necesidad de trajes de neopreno. Ya ha dejado de fluir y, joder, qué alivio. La verdad es que sí, lo estaba pasando mal, para qué mentirme. Y también es cierto que ya no te conozco. Conozco tus traumas, 100% cierto, pero no tengo ni idea de lo que eres ahora. La gente cambia deprisa, sobretodo a estas edades. Y podemos llevarnos bien, claro, pero al separarme de ti conseguí llegar a ser alguien que, analizándolo fríamente, no tiene nada que ver contigo. Y este es el último escrito que tengo para ti. Tal vez llega un poco tarde, pero la despedida de mis palabras también era necesaria. Gracias por disculparte, realmente me hacía falta escuchar eso de tu boca.
Los meses pasan rápido y ya tengo memorias distintas para cada estación, no hay muchas cosas que se puedan relacionar con los mareos que solía tener hace dos años. Ni con mis malas decisiones. Así que adiós, adiós para siempre, gato, rana, guitarra, hermoso, o musa de mis escritos más depresivos. Adiós y gracias por hacerme pasar un rato divertido.
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