Fuera, en las calles, la gente habitual con el bullicio de siempre, basado en la adrenalina causada por los amigos, las drogas, el fin de semana y cualquier otra razón que hubiera para festejar y darse una excusa para dar gritos bajo el retorcido imperio de la brillante luna.
Dentro, ruido, pisadas, caótico movimiento de gentes alegres por un número específico en las fechas que marca el calendario. Fiesta, risas, besos y falsos abrazos, anécdotas, momentos incómodos y divertidos, el olor de la comida recién hecha, orgía de olores, colores y sabores típicos del festejo...
Arriba, silencio. Llegan algunos sonidos de las demás celebraciones, pero aquí hay silencio. Una tenue luz alumbra mientras suena el recuerdo de la música dentro de una cabeza y varios sucesos intentan ordenarse para conocer la suma de todos ellos en el mismo cuerpo, aquél que descansa recordando.
Acompañado por su propia compañía, él, espera. Alguien va a llamar a la puerta.
Una decisión. Un cambio.
¿Luz?
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