De verdad, me quedo sin la menor idea de qué escribir. Me sigo obligando a agitar las muñecas para decirme a mí mismo que no me estoy haciendo daño, pero lo hago. Tanta envidia siento de sus luces de colores que me se sumo más y más en mi bolsa de basura, dibujando corazones rellenos de mis propios escupitajos y algún sistema nervioso con las estupideces de Mozart de fondo. Cada vez hay más gas innífugo en mi ropa, olor a podredumbre intensificándose en mis zapatos y dióxido de carbono entre los dedos: Que no puedo respirar y me sujeto a mis propias sobras; que aquí ya no queda oxígeno ni ganas de arder de rabia y moverne rápido; que no quiero respirar y no hago más que moverme cual cangrejo, apretando los pies con fuerza sobre la fecha de caducidad de mi propio cuerpo.
viernes, 13 de marzo de 2015
Papel verde n.2
Todavía me siento mareado. Sigo notando lo efectos de las drogas recorriendo mi piel, despacio. Huele a carne, pescado y cigarrillos.
Me cuesta seguir el hilo de mis pensamientos. Me siento enfermo. Me preocupa rasgar el papel con la tinta esparcida sobre mis manos, me preocupa que se mezclen sobre el folio la tinta en mis muñecas y las chinas que me quedan por debajo de las uñas.
Mi cuerpo se desdobla sobre sí mismo cual serpiente mordiendo su propia cola. Habla el viento con fuerza, suenan chistes estúpidos sobre si estoy loco, de la mano de alabanzas a un dios que no veo y un dado que gira eternamente, recordándome que el destino me ve y se descojona. Gracias hombre, que sí, sé que es cierto que aprendí a hablar con él, pero sólo sabe escucharme cuando me pongo de rodillas. Llorando o riendo, eso da igual, pero siempre de rodillas.
Me atormenta la idea de tomar una decisión. Me atormenta la idea del cambio, de tener la autonomía que me paso la vida reclamando. Tengo miedo. Siento que acabaré teniendo que decirle al mundo que ellos tenían razón, que efectivamente no hay una neurona sana en mi cabeza.
miércoles, 11 de marzo de 2015
Papel verde n.1
Fluyen como hojas en el viento. Compiten, cual Aracne y Atenea, tejiendo idas y venidas, trenzando sus historias teñidas de azúl, intentando hacerse oir entre un mar de hojas caídas, voluntades desmembradas, estupideces entre más estupideces.
Me digo y me repito que sigo siendo capaz de escribir, pero no hago más que vomitar espectativas derretidas sobre el papel. Ya no me queda ni la tinta con la que podía cortarme, ya no me queda ningún ardor bajo la lengua con el que restregar mis muslos y muñecas hasta hacer saltar las chispas que solían decirme que sigo estando viva.
¿Qué soy yo sin autodestrucción? Verdad pura e interrogante, una estúpida flecha de neón señalando eternamente el basurero social que son los gritos de auxilio de quien ya está completamente abandonado por el mundo.
Que intento dejarlo, joder, intento ser capaz de cuidarme a mí misma, pero ya sólo me quedan unos pulmones oxidados y caries debajo de la almohada. Y sí, cuando hace calor y las sonrisas falsas iluminan el día, llenándome los ojos de ombligos, bikinis y abdominales, es cierto que tengo mucha compañía, pero los colores cálidos acaban por hacerse ver, se hacen reales y, cada vez que ahogan sus penas y se abren en canal, cada vez que veo mis pies enterrados en hojas secas, llega de nuevo ese dolor de muelas y se apropia de mi compañía un miedo irracional a que se me caigan los dientes.
lunes, 9 de marzo de 2015
23/10/14 (Julie).
Me digo y me repito que son los pensamientos típicos de una mala noche, que sólo tengo que esperar a los primeros rayos de luz que entren por mi ventana para que "el acabar", la idea del fin, desaparezcan de mi cabeza. Pero lo cierto es que todos estos pensamientos se acaban acumulando, se escapan de las causas hormonales en que se excusa de su extistencia su creador y llegan a ser pura racionalidad y sentimiento, con la viva esperanza y probable finalidad de acabar por convertirse en acciones. Acciones, como dicta su naturaleza inicial, de fin. Debería dejar de fumar porros, ya no sé ni lo que escribo. O, tal vez, tan sólo estoy cansada. Cansada de intentar compenetrarme con alguien aferrado a la infantil idea del romance adolescente; cansada de ponerme por debajo de la gente; cansada de ser "la otra"; cansada de intentar correr tan rápido que me pierdo de vista a mí misma y, por tanto, pierdo tiempo en encontrarme una vez detenida; cansada de olvidarme de mis propios sentimiemtos; cansada de envidiar a aquellos que se regodean en su propia enfermedad y cansada de mi enfermedad al mismo tiempo.
Hoy me encontré con mi antigüa compañera pero, por suerte o por desgracia, decidí dejarla a un lado. Ella me sonrió, como siempre, pero, en esta ocasión, su sonrisa también denotaba hastío y amargura. Supongo que a ninguna nos quedan fuerzas para abrazarnos así que, una vez más, me resigné ante otro antigüo suceso de mi vida y la dejé tranquila, envuelta entre recuerdos y trofeos cerrados con llave, que las cicatrices no me hace falta guardarlas, las llevo siempre encima.
De nuevo, la dejo tranquila con su agudéz y perspicacia, con su frialdad llena de óxido, rodeada de objetos brillantes que algún día me hicieron su misma compañía.
03/12/14 (Julie).
"Trae algo."
Pegarme un tiro.
Más y más ganas de llorar. Carencia de aire. Líquidos, demasiados líquidos. No existe el oxígeno, no se puede respirar. No hay tiempo. Falta. Me doy una y otra vez contra el suelo. Me caigo antes de levantarme. ¿Autosabotaje? Luces, muchas luces, pero todas muy lejanas. No hace frío. No, no hace frío, pero tengo las manos heladas. Sé que sólo sé escribir cuando se me olvida hablar. A veces me da miedo no poder bailar. Me sigue dando miedo. Calor corporal, calor corporal... Me abrazo. Me falta algo. Cada segundo me patea la frente. Palabras que no significan nada. ¡Ayuda! Silencio y más silencio. Dicen que les pida lo que sea, pero no pueden hacer nada. El sonido del teléfono al colgarse, cortándome a mí un pedacito de carne... O de alma. Se me acaba la paciencia. Vuelvo a arrastrarme, porque ya estoy en el suelo y cuesta más seguir cayendo. Me abrazas, pero no siento el calor. Quería. Quería. Sudor, sexo, labios, movimiento, verguenza, miedo, tranquilidad. No existen, ya no existen. Quiero irme. De verdad que necesito pegarme un tiro. Quiero irme. A veces se me olvida qué es lo que echo de menos. A veces se me olvida si de verdad me acuerdo. A veces quiero ser como el resto y sueño en vano que la felicidad se esconde cerca, en la playa, cerca. Incluso pienso que he llegado a tocarla. Una mañana en Vera... El resto de mi vida. Mi vida es ese recuerdo falso. Me quedo. Me quedo. Me voy. No sé por qué sigo esperando a que alguien me conteste. Pero tampoco sé si vale la pena o si queda algo que salvar. Debería irme. Debo irme.
Para Nora, por sentarnos en el arco de Moncloa.
Hijos de puta todos. Sois insoportables todos. Todos menos Rober, Rober es majo. Maldita sea, necesito irme de aquí.
Nuestro infierno.
Todo lo que viví contigo, no se compara a lo que tengo ahora: No se compara con la estabilidad, con el respeto, con la alegría y, a veces, incluso con la mismísima felicidad. No se compara con la igualdad, ni con la confianza, ni con el cariño. No se compara con el compartir, con el amar, con el cuidar, ni con el ser cuidado...
Pero nada de esto se compara tampoco a nuestras fiestas subterráneas. Nada se acerca al mar revuelto de nuestra pasión, pasión conformada por mentiras llenas de jugo que la hacían todavía más fuerte y, ninguna chispa, por mucho gas que tenga, llegará nunca a brillar tanto como el infierno que creamos al prenderle fuego a nuestras sábanas. Tal vez porque la enfermedad es adictiva o tal vez porque somos parte de nuestro propio juego.
Rosa.
Palabras (?)
Intentemos ir en orden. Que no va a ser, pues ya ha sido.
3... 2... 1...
Vamos a empezar a juntar las cosas. No voy a correr al pasado, porque estoy harto de hacerlo, pero tampoco voy a dejar que los proyectos que tenía en la cabeza se vayan cada uno por su camino y acaben, como ya están haciendo y siempre he temido, huyendo al otro lado del espejo. Esta es la verdad: Estoy abandonada. Demasiado tiempo rodeada de gente y muy poco tiempo sola. Ya ni siquiera estoy segura de mis pronombres. Me siento más seguro con unos u otros dependiendo del momento y de lo que sea que estoy contando.
Aquí estamos, en el inicio. Hoy, es hoy cuando empieza todo. Puede que haya repeticiones, es más, estoy seguro de que las va a haber, pero me gusta. Se acabó el estar dispersa, toda mi vida está relacionada entre sí, aunque no tenga ningún sentido, aunque sólo sean un montón de deseos y sentimientos... Estoy intentándolo. Estoy trabajando en estar completa. Así que gracias, si te importa, y gracias también si es que me odias, porque necesito recogerlo todo: Necesito juntarlo todo y arreglármelas para vivir con ello.
Hoy empieza todo.