viernes, 13 de marzo de 2015

Papel verde n.3

De verdad, me quedo sin la menor idea de qué escribir. Me sigo obligando a agitar las muñecas para decirme a mí mismo que no me estoy haciendo daño, pero lo hago. Tanta envidia siento de sus luces de colores que me se sumo más y más en mi bolsa de basura, dibujando corazones rellenos de mis propios escupitajos y algún sistema nervioso con las estupideces de Mozart de fondo. Cada vez hay más gas innífugo en mi ropa, olor a podredumbre intensificándose en mis zapatos y dióxido de carbono entre los dedos: Que no puedo respirar y me sujeto a mis propias sobras; que aquí ya no queda oxígeno ni ganas de arder de rabia y moverne rápido; que no quiero respirar y no hago más que moverme cual cangrejo, apretando los pies con fuerza sobre la fecha de caducidad de mi propio cuerpo.

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