domingo, 20 de noviembre de 2016

Me cago en el patito.

Y llegan los 20. Y llegan las preguntas, llega la urgencia y llega la ansiedad de la vida.
"Todos hemos pasado por ahí", "al final no es para tanto", "pues espera a ver los 25", "ya verás luego la crisis de los 50".

Sí, vale, todos lo habréis vivido ya y para algunos no será para tanto. Yo ya no tengo 16, no puedo pensar sólo en mis hobbies, no puedo tomarme unas vacaciones de 3 meses, no puedo ver a mis seres queridos cada vez que me de la gana ni he sido capaz de conservar a todas las personas a las que he amado y querido en mi vida, no puedo permitirme pasar un fin de semana en el ordenador ni vivir sin preocuparme por el dinero y todas las oportunidades que he perdido hasta ahora me pesan lo suficiente como hacer que pierda el sueño por las noches.

¿Y si siento que dos años arrancándome la piel a tiras para conseguir mostrarme tal y como soy ante el espejo no fueron suficientes?

Enciendo la pantalla y leo que Yuzuru Hanyu es un dios de la perfección reconocido mundialmente con 21 años.
"Pero no te compares con los demás". Ya, claro, eso puedo decírmelo cuando no tengo una edad en la que debería estar viviendo mi época dorada y cumpliendo poco a poco mis sueños, pero resulta que tengo esa edad y no tengo ni la más mínima idea de cómo se supone que debería llegar hasta allí.

Me he caído, me he caído,  he fingido,  me he reído, he fracasado, he repetido, me he frustrado,  he llorado, me he levantado, he cambiado de aire unas 8 veces, me he deprimido, me he hundido, me he enamorado y desenamorado, he roto los lazos más importantes que he llegado al crear y me he permitido comenzar a conocerme a mí mismo, a quererme y a darme asco, a odiarme, a arrepentirme y, a veces, a perdonarme algunas cosas. Me he vuelto a levantar, me he defendido, he luchado por mí y contra mí mismo tantas veces... Y sigo en ello, supongo que como todos, queriendo ser consciente y sin querer serlo al mismo tiempo. Fingiendo no darme cuenta de que vuelve a costarme dormir por las noches y llorando de frustración porque no quiero volver jamás a esas noches de lágrimas y tabaco en el balcón, solitarias y frías como un cuchillo en la nuca.  Y a veces me miento y a veces me desmiento, pero siempre tengo miedo y siempre me siento perdido. Y vuelvo a sentirme solo, cuando creía haberme deshecho por fin de ese sentimiento que me estuvo acompañando desde siempre.

Pero no me rindo. Puedo reconocerme eso: por mucho que me muera de miedo y no tenga ni puñetera idea de lo que estoy haciendo, no me rindo. Yo soy yo y estoy aquí. Aunque esté triste, estoy aquí.

Es posible que muchos ya lo hayáis vivido, pero estos son mis jodidos 20 años y es una lucha de la que me enorgullezco.

martes, 13 de septiembre de 2016

Hoy tengo ganas de llorar.

Vuelve el otoño y con él las hojas sobre mis zapatos.
Me pregunto si volveré alguna vez a sonreír y a amar como lo hice con vosotros. Sobra decir que os echo de menos.

Esta es una carta de despedida, y un propósito de año nuevo.
Llevo meses intentando no pensar en todo lo que echo de menos, pero el otoño siempre me trae cambios, siempre lo ha hecho. Esta noche voy a repasar todos los dibujos y seguramente llore mucho.
Ya me hice ese tatuaje por vosotros y para recordarme no permitir que nada de lo vivido haya sido en vano, así que me toca levantarme aunque ya no estéis, aunque sólo yo haya visto mi recorrido.

Prometo ir a visitaros aunque ya no quede ninguno de vosotros en aquél salón. No sé cuántos meses han pasado, pero tanto yo como todos vosotros hemos pasado por allí para avanzar, así que habrá que sonreír de nuevo. Por favor no os olvidéis de mí. Yo prometo no olvidaros. Jamás sería capaz de hacerlo.

Da mucho miedo volver a llorar, chicos, os lo juro, gracias por haber estado ahí siempre, gracias por joderme, gracias por mirarme, gracias por ignorarme y por gritarme, por hacerme reír cuando estaba llorando y por darme motivos para sentirme agradecida. Para sentirme querida. Gracias por quererme y darme algo que querer.

Os echo de menos.

Da mucho miedo volver a llorar porque ya no me estáis rodeando aunque pasen las estaciones, pero sois el impulso por el que no quiero rendirme y aprendo a sentirme triste aunque me de miedo.
Me encantaría veros, abrazaros, fumar con vosotros, cantar con vosotros, abrazaros, regañaros, comer con vosotros, quejarme de vosotros... Pero al menos puedo pasarme a saludaros, aunque ya no quede ninguno de vosotros.

Hoy quiero llorar, aunque nadie me abrace. Hoy tengo que ordenar mi habitación y poner el despertador temprano, porque el otoño siempre me trae cambios. Será que sigo siendo muy sensible a las fechas, pero es ahora cuando ocurrió todo. Espero volver a encontrar a alguien en algún momento, aunque no sea necesario cuando ya os tuve a vosotros.

Hoy me toca lavar la ropa, barrer el suelo, organizar una ruta para mañana, pensar en comer regularmente y de forma balanceada, hoy me toca no faltaros al respeto. "No voy a desearte que te vaya bien porque sé que te va a ir bien", "hermanota", "te quiero", "estoy contento y a la vez triste de que te vayas", "me da esperanza verte y saber que se puede", "mira todo lo que has avanzado", "me alegra que recuerdes esas palabras", "te voy a echar de menos", "me hiciste abrir la mente", "eres una persona maravillosa", "¿quién va a tocar ahora la guitarra?", "te quiero", "¿sabes cómo se deben dar en realidad los abrazos?", "ahora estás fuerte", "tú ya lo sabes", "me alegro de que estés bien", "tú fuiste la primera persona que me cayó bien al llegar aquí", "gracias", "te voy a echar de menos", "eres un ejemplo". No pienso dejar en vano vuestras palabras. Gracias. De verdad, gracias. Y gracias por obligarme a hablar ese último día. Los días nunca me parecieron tan tristes como al irme. Gracias por pasarme el papel todas esas veces y por obligarme a hablar y a apuntarme otras tantas. Os echo mucho de menos.

Hoy me toca irme a dormir temprano para levantarme otra vez gracias a vosotros. A todos. A quienes se fueron, a quienes siguen y a quienes se irán. A todos.

Me da miedo estar triste sin vosotros.
Pero seguís aquí y no os vais a ir nunca.
Por lo menos fui capaz de decirte que te quiero a la cara, por mucho miedo que me de esa palabra.

Cuando ya he hecho todo el trabajo de reconocerme, sólo me queda llorarlo todo.
Gracias.


Gracias también papá por recogerme cuando se acabó todo.


                                                                                                                 Beloved
                                                                                                                 Hikari.
                                                                                                                 Por siempre, honesta y prática.


https://www.youtube.com/watch?v=-1nEqVhcjfU

sábado, 3 de septiembre de 2016

No sé.

A veces me apetece volver a escribir. Sé que recuerdo cómo hacerlo y sé que tengo toneladas de cosas que soltar aquí, pero por algún motivo me retengo.

Basura emocional, siempre, pero el metal en las muñecas lo tengo agotado y lo agradezco.

Tengo tinta en los brazos. Recuerdos borrosos por las lágrimas, pero palabras que se me han quedado grabadas. Agridulce.

Basura emocional sigue habiendo, pero las muñecas las tengo curadas. Y sé lo que hacer con estos sentimientos. La cosa es que me cuesta, como a todo ser humano. Pero puedo escribir. Cuesta, pero puedo hacerlo y, de hecho, creo que hasta me apetece. Sólo que da miedo volver a manosear emociones fuertes y escribirlas en el momento. Últimamente estoy cobardica y no me estoy moviendo.

"No te voy a desear que te vaya bien porque sé que te va a ir bien." Al principio estas palabras sonaron como un peso en la espalda, pero al poco tiempo fui capaz de entenderlas. La soledad ya no la tengo y la desesperanza tampoco. Puedo moverme y sé hacerlo. No pasa nada si me cuesta, si me caigo o si me cuesta levantarme porque ya no necesito que me lleven a rastras. Eso es lo importante.

Creo que llevo unas semanas haciendo el gilipollas. No queriendo escuchar todas las cosas que echo de menos. Supongo que, de alguna forma, sigo en duelo conmigo misma y que no es tan fácil coger un bus y saludar a un montón de gente a la que echo de menos, y más si no tengo las cosas claras... Pero ¿quién las tiene claras? Absolutamente nadie, estoy haciendo el gilipollas.

Tal vez si sea buena idea volver a escribir. Tal vez incluso empiece a subir mis dibujos. Tal vez incluso vuelva cambiar mis paredes. Hay algo importante en el simbolismo de todo esto, aunque aún no lo entienda del todo.

Me da miedo cortarme el pelo. Por primera vez me estoy sintiendo a gusto y no necesito algo radicalmente diferente para sonreir al mirarme al espejo, pero sé que guardo cosas en este pelo de las que me quiero deshacer. Me da miedo hasta cortarme las puntas porque estaría diciendo adiós. Es un adiós definitivo a un modo de vida que me hizo mucho daño pero que, de alguna forma, me impidió estar sola. Y es un adiós también al momento en que decidí superar todo eso. Es un adiós al conflicto como centro de mi vida, creo, porque toca ya ponerse en serio y no hacer un drama de los sentimientos. Todos los tenemos. A esta edad ya no sirven de excusa.

Todos hemos sufrido un desamor y todos nos hemos despedido de alguien querido. Todos hemos cambiado de aires y todos hemos salido de nuestra zona de confort. Todos nos hemos levantado de las cenizas y todos nos hemos tenido que hacer cargo de nosotros mismos, hemos tenido que asumir responsabilidades y no es un drama. No es ningún drama. Pero no estoy acostumbrada a no hacer un drama de ello. Es una mierda.

Siempre me dio miedo comprometerme con algo, con cualquier cosa, y sigue sin gustarme demasiado, pero ya es como a todo el mundo. Ya no es un problema que consultar con varias personas y sobre lo que remolonear varias semanas con la excusa de no encontrarme bien emocionalmente, esto ya es algo que toca hacer y punto. Y tampoco me provoca nauseas ni me apetece hundirme en un rincón por ello, pero siempre me ha resultado desesperante la normalidad. El normalizar algo. Las películas adultas en las que la protagonista supera a su amor de juventud y sigue con su vida. Me resulta dramático. Asfixiante. Desesperante. Supongo que porque los sentimientos para mí siempre fueron lo más importante y ser consciente de que hay vida más allá, de que los mejores amigos de la infancia no duran para siempre, de que no hay nada ni nadie que sea "para toda la vida" como en un cuento de hadas, me desespera. Me hace preguntarme para qué y me hace sentirme sola. Pero bueno, por lo menos hace algún tiempo aprendí a hacerme compañía.

jueves, 10 de marzo de 2016

No me arrepiento.

Escritillo breve y falto de metáforas, de vez en cuando no hace daño.

Aprovechando que es tiempo de duelo, últimamente me da por mirar hacia atrás muy a menudo y, puede que tenga lágrimas en los ojos al recordarlo, pero ahora no son algo malo. Siento que tuve gente y, como todo en la vida, las personas entran y se van. Nada, absolutamente nada se repite y eso es algo bueno. Hay personas a las que ya no echo de menos, pero sigo agradeciendo haber conocido. Y la verdad, es que no me arrepiento de nada. No me arrepiento de conoceros ni de alejarme de vosotros, puesto que es lo que tenía que hacer en ese momento, ni de haberos querido con toda mi alma. Estoy pasando por una racha muy solitaria en demasiados sentidos, pero no me siento sola. Puede que haya sido algo tarde, pero ahora sé apreciar todo lo que tuve y lo agradezco.

Beloved.




Para las paridas y lo ridícula que pude llegar a ser en baile, para mi primer amor, para los frikis y las emos, para aquellos idiotas en tecnología, para la del krush, para la de las tardes en tuenti y con el perro, para el de la chupa y las flores, para mi amigo gran gran alto de ampliación de matemáticas, para los tontos de los pasillos, para mi "eterno" rival y admirado actor, para mis padres, para las personas de la triple M, para las personas de taekwondo, para mi hermana, para la parte de la 2da y de la 4ta generación de escénicas y para la 3ra, la 5ta, la 6ta y tal vez algunas personas de la 7ma (DIOS), para el lobo, para el pelazos, y también para mis yonkis. Pero sobretodo para mis compañeros de guerra, que os echo demasiado de menos.

Una vez me dijisteis que yo no había perdido esos dos años. No lo hice. Os conocí.

lunes, 7 de marzo de 2016

Mierda.

Todavía no me creo que no vaya a veros mañana. No me creo que yo hoy haya estado en casa y vosotros donde siempre. No me creo que yo mañana vaya hacer algo diferente a lo de siempre. No quiero creérmelo, de verdad que no. No dejo de pensar en las horas que coinciden con alguna actividad vuestra y en quién coordinará hoy.  En si alguien habrá llorado. Me gustaría abrazaros. Os echo de menos. Pienso que no quiero irme, pero ya lo he hecho. No me arrepiento de haberos querido, pero ojalá las circunstancias no fueran estas. Odio el duelo. Odio el duelo, odio el duelo, odio el duelo, odio el duelo, odio el duelo. En serio, es una mierda. Que sí, que es bueno, que ayuda, que es adaptación, que debo enfrentar mis sentimientos, pero en serio... El duelo es una mierda. De verdad, una mierda. Lo odio. Iría TODOS los puñeteros días a veros, pero me da miedo. Tengo miedo de volver a llorar y de que me vuelva a costar irme, y de acabar yendo verdaderamente todos los días y perderme, a causa de ello, mi propia vida. Otra vez llorando. Madre mía, odio esto. Mierda. Sí. ¿vale? sí. Sí estoy bien, no estoy rota, puedo con esto, claro que puedo con esto, pero estoy dolida y cabreada. Y triste. Pero no me siento sola. O sea, sí, pero no como antes, no como si estuviera sola en el mundo porque ya no lo estoy, pero no quería irme. Mierda. Joder, de verdad que odio esto. Venid a mí, lágrimas, haced lo que os de la gana. Es lo que toca. No me quiero ir. En serio. Dios, qué mal. Qué mal. Me quedaron un par de cosas por decir al final. Qué puñetera rabia.

Voy a hacerme un tatuaje que me recuerde a vosotros. Ojalá os lo pueda enseñar algún día.

Dice Miyavi que el mundo siempre seguirá girando y dice mi madre que en algún momento hay que sonreír y tienen razón.





                                                                                              Beloved.
                                                                                              Hikari.

Compañeros de guerra. (Nuestra hojita de arce)

Se me acaban poco a poco las palabras, que durante tanto tiempo hubisteis de sacarme a cachetadas. No sé hablar, pero os quise como pude. Como supe. Como me enseñasteis a hacerlo.

Tantos golpes contra la pared y tantos gritos a la espalda no pudieron significar nunca una ruptura, a pesar de mi falta de entendimiento al respecto, pero he aprendido con los años a querer discutiendo y a llorar hablando, que es necesario a veces pasarse días explotando globos para desmenuzar los sonidos que pudieron entrar en nuestras cabezas, porque todos comprendemos las cosas de distinta forma. Porque aún juntos y aún queriéndonos, todos vivimos distintas experiencias. Y ahora echo de menos que me alguno de vosotros diga en voz alta haberme visto fumando en el césped cuando debería estar examinándome de autoexigencia.

Cada uno empezó en su propio tiempo, como es natural. Cada uno tuvo su propio recorrido, es lo natural, sí, pero la batalla la libramos juntos. El pasar meses recargando sin movernos del enchufe, sujetados por las manos de los demás; el comenzar a adentrarnos en sentimientos que dan miedo, que no se quieren comprender, acompañados por las miradas de apoyo y asentimiento, por la comprensión de haber pasado ya por lo mismo; el sacar la mierda y querer salir corriendo, salvado por una mano tendida, por una oportunidad abierta; el lanzarnos la verdad a la cara, por mucho que duela, que eso también es amor, que vamos a seguir juntos durante todo el duelo; el alegrarnos con un paso adelante, las palabras de ánimo y el mirar fijamente a los demás y no sólo al propio reflejo; el propio gesto de pasar el papel de mano en mano, como un equipo, ante las lágrimas de alguno de nosotros y el acompañarnos después del llanto, entre risas, merienda y juegos, fumando y cantando, porque hay que sonreír en algún momento y porque hay que celebrar que nos queremos.

Cómo no sentir un vacío al irme. Cómo no haberos amado a todos y cada uno de vosotros. "Familia" es la palabra más acertada que encuentro, yo, que siempre he salido corriendo del amor.

 Pero me dais fuerza y ganas. Recordar cada momento es un regalo tan enorme, que cualquiera que no fuera uno de nosotros no sería capaz ni de imaginárselo. No puedo permitirme dejar de luchar después de haberos conocido. No quiero dejarme al destino porque ahora me quiero y sé que merezco la pena, que merezco el esfuerzo, que soy un ser valioso y que puedo hacerlo. Puedo luchar por mí y puedo salir adelante.

Así que gracias. Gracias por quererme y por darme un lugar en el que ser yo misma. Gracias por enfadaros y reíros conmigo. Gracias por darme la oportunidad. Gracias por estar ahí. Tengo un vacío en el corazón desde que salí por la puerta, pero me llevo muchísimo más que ese vacío. Me llevo el haberme hecho grande y el haberos tenido ahí, así que una vez más, gracias. Os voy a echar de menos.





                                                                                                                       Beloved.
                                                                                                                       Hikari.







P.D.: Ya no escribo con tantas metáforas en mi cuaderno.

sábado, 6 de febrero de 2016

Despedida.

Puedo volver a desarrollar otras ochenta y tres hipótesis sobre por qué no funcionó y sobre como tú tuviste la culpa. Puedo volver a esconderme en una esquina a llorar y fingir, cada vez que te saludo sonriendo. Puedo volver a pasarme el día criticando los errores de los que, como buen ser humano que eres, estás lleno. Puedo salir a restregarme contra el guaperas de turno y creerme que te estoy haciendo algún tipo de daño. Puedo contarte, como si fueras mi amigo, cómo todo ese tiempo contigo no significó nada y que tengo a alguien verdaderamente importante que ha demostrado que le importo más de lo que llegué a importarte a ti... Pero, honestamente, ya estoy aburrida. Aburrida de ti, aburrida de rayarme y aburrida de no saber cuándo hablar en masculino. Sí, borré tus mensajes, sí, los borré todos. Sí, borré tus fotos, no, no las borré todas. No, no he tirado el collar. Está en el mismo cajón en el que guardo el mechero de un ángel, la llave de un lobo, la carta de socorro de una princesa en apuros, el bolso mágico de un pariente lejano y una pulsera de mi padre. Está junto a las cosas que alguna vez fueron importantes. Esos recuerdos me gusta guardarlos. No voy a amargarme la vida por haber tenido un mes amargo.

Puede que me olvide de haberte conocido, puede que me olvide de llamarte hermoso para ironizar sobre tu cara, puede que me olvide de cuando me rescatasteis de las peleas en casa, puede que me olvide de las cenas con tu madre, puede que me olvide de la noche en el hospital para ver a tu abuelo, puede que me olvide de los álbumes llenos de fotos de cuando eras pequeño, puede que me olvide de Cuenca, que me olvide de tus composiciones, o de esas noches en vela llorando mientras tú dormías, o de los besos en el autobús, o de la fiesta previa a raparme el pelo, o de la bronca por el semi-engaño, o de la cita de san valentín, o de todas nuestras canciones, de la piscina por la noche, de mantenerlo en secreto ante tus padres, de la rata, de preocuparme por tu hermano, de las clases de filosofía disfrazadas de matemáticas, de rattatouille o como sea que se escriba, de mi oreja derecha prácticamente desfigurada... O puede que en algún momento recuerde algo. Puede ser. Pero ya es pasado. Ya toda "nuestra" historia es respirable, sin necesidad de trajes de neopreno. Ya ha dejado de fluir y, joder, qué alivio. La verdad es que sí, lo estaba pasando mal, para qué mentirme. Y también es cierto que ya no te conozco. Conozco tus traumas, 100% cierto, pero no tengo ni idea de lo que eres ahora. La gente cambia deprisa, sobretodo a estas edades. Y podemos llevarnos bien, claro, pero al separarme de ti conseguí llegar a ser alguien que, analizándolo fríamente, no tiene nada que ver contigo. Y este es el último escrito que tengo para ti. Tal vez llega un poco tarde, pero la despedida de mis palabras también era necesaria. Gracias por disculparte, realmente me hacía falta escuchar eso de tu boca.

Los meses pasan rápido y ya tengo memorias distintas para cada estación, no hay muchas cosas que se puedan relacionar con los mareos que solía tener hace dos años. Ni con mis malas decisiones. Así que adiós, adiós para siempre, gato, rana, guitarra, hermoso, o musa de mis escritos  más depresivos. Adiós y gracias por hacerme pasar un rato divertido.

30/01

Que me da asco tu existencia y ese es el tema. Que últimamente solamente que te acerques, que respires, que me cuenten que sigues continuando tus mentiras,tus falacias, tus caídas, me arrepiente. Me arrepiento. Me arrepiento de tantas tonterías. Me arrepiento tanto de haberte querido, de haberte entregado tantos pedazos de mí poco a poco, gota a gota estuve a punto de entregarme entera y, al irte, me habría roto y, al haberme ido yo, habría desaparecido. Me habría desvanecido. No me habría ido nunca. Me habría quedado hasta permitir que absorbieras absolutamente todo lo que yo era, todo lo que yo fui, todo lo que he llegado y conseguido ser/hacer con tanto esfuerzo, se habría ido, habría desaparecido para siempre por ti. Por tus locuras, por tus tonterías, por tus caras de enamorado y tus faltas de cariño. Por tus te quiero. Por tus mi vida. Por esas noches fingiendo hacerme el amor mientras solamente me follabas fuertemente, saciando tu ira o complejo. Complejo de Edipo. Qué complicado. Otra vez con lo mismo, la misma historia, la misma tontería. Ya no sé si fiarme de tus buenas intenciones, ya no sé si fiarme de si alguna vez las hubo, ya no quiero volver a escuchar tu voz ni ver tu rostro porque te entregué casi todo lo que tenía y solamente me quedó un suspiro, un resquicio de cordura para salir corriendo y gracias al cielo que lo tuve porque, de no haberlo tenido, yo ya no sería. Ya no sería yo y ya nos sería nadie. Y me falta tanto ahora. Quedó solamente ese resquicio de cordura y es lo único que queda. Eso y arrepentimiento y ganas de volver. Ganas de volver a salir corriendo detrás de ti y dártelo todo a pesar de que tú nunca diste nada jamás. Jamás de los jamases. Creíste darlo, creíste que con salir corriendo de un auditorio solamente para verme porque pensabas que estaba mal, era suficiente. Creíste que con eso ya me conocías, creíste que con eso ya me querías y era mentira para ti, para mí y para todos. Siempre fue mentira, siempre fue una historieta de mierda que nos creímos por gilipollas, por idealistas, por intentos de anarquistas. ¿Qué amor libre ni qué monogamia, si no somos si tan siquiera capaces de hablar de sinceridad? Nunca lo fuimos. Nunca lo fuiste y me pegué como una lapa a eso. odas las cosas que te di eran palabras mayores. Hasta mis padres te echan de menos más de lo que me quieren a mí cada vez que sales por la puerta. Te pegaste, te adheriste a todos los rincones de mi vida y ahora no me queda un solo resquicio de mí en mí, Me encuentro solo en una habitación en la que solamente hay fotos tuyas y voces tuyas y sonrisas tuyas y estúpidas guitarras de mierda. Y me sigue faltando la respiración, no porque me ahorques con un cinturón mientras me follas salvajemente, no. Porque te fuiste. Porque me fui. Porque decidí vivir mi vida por mí misma. Porque decidí dejar de darte y ahora me queda menos. Menos que nada. Menos de lo que tenía cuando estaba contigo porque te lo daba todo, sí, pero estaba contigo.

30/01 (2)

Y seguiré respirando tu nombre entre verso
y verso y seguiré echándote de menos como si aún existieras,
como si alguna vez lo hubieras hecho.

Me seguirá faltando algo cada vez que abrace a otro,
cada vez que me coman a besos,
cada vez que me acaricien y me mientan al oído,
me estará faltando esa locura.

Y echaré de menos que me susurren estúpidas palabras de amor al oído...
No.
Echare de menos creer que no son mentira.

Podría agradecerte que te fueras, que me dieras la oportunidad de cambiar, pero no tengo intenciones de mentirte. No ayudaste. No ayudaste en nada. No es algo para agradecer que te fueras, que intentaras arrasar conmigo y me abandonaras.

No voy a agradecerte que te fueras
No voy a agradecerte que te fueras y no voy a agradecerte que me intentaras arrasrar contigo porque lo odio y te odio. Porque odio que te fueras, odio que me abandonaras y odio que fueras semejante pedazo de mierda como para romperme casi completamente y te odio. Y no voy a agradecerte porque te sigo echando de menos. No puedo agradecerte que me hicieras más fuerte porque no lo hiciste. Solamente devoraste las cosas que te llevaste de mí en mal orden. Debiste llevarte primero la cordura. Debiste llevarte primero las ganas de vivir. De haberlo hecho, todo sería tuyo ahora. Pero fuiste llevándote otras cosas poco a poco. Te llevaste el compromiso, te llevaste las ganas de amar. Te llevaste el compromiso, perdiendo el tiempo. Te llevaste las ganas de amar, mintiendo. Te llevaste la ilusión. Te llevaste la música. Te llevaste las sonrirsas. Te llevaste el respeto por mí misma a base de sexo y drogas. Te lo llevaste prácticamente todo, pero en mal orden. Debiste llevarte primero la cordura y debiste llevarte primero las ganas de vivir. De haberlo hecho, aún seguiría siendo tuya.

Y, de nuevo, caminamos.

Hace mucho que no escribo. Llevo un rato largo enfrentándome a mí misma. Desde siempre, o me recreo en un estúpido dolor superficial en el que, por no descubrir que es todo mentira, me paso la vida usando metáforas, o me inspira una falsa sensación de bienestar para agitar la pluma. Pero no, el movimiento de mis muñecas sigue sin ser mentira.

Parece que estuviera sola ante el folio, pero me acompañan demasiados sentimientos, demasiado de esta vida que se está quedando atrás. Hacerse mayor son palabras mayores y yo ya me estoy quedando sin paracaídas, por si me provoca alguna locura. Parece que dejara de tener preferencia ante el mundo, que dejaran de considerarme necesitada, que pasara a ser una más... Tan sólo otro ser humano. Y es difícil, Es difícil dejar de tener protagonismo y es difícil aprender a confiar en uno mismo. Pero también parece que se puede. Parece que me alejo tres canciones y vuelvo cuatro. Está bien, puedo permitírmelo. No necesito paracaídas porque no estoy rota y esto significa aprender a montar en bici como cualquiera, pero unos años por detrás. Sí, me caigo el mismo número de veces que un crío de cuatro años, pero mi determinación es distinta, mi paciencia es mayor y mi conocimiento sobre mí misma, más amplio. Tengo ventaja sobre los aprendices de ser humano y eso ya es algo. No tengo desventaja con quienes se lanzan habiendo aprendido porque ya he superado esa frustración. Estoy en un punto intermedio, como un filósofo ante un sabio y algún que otro polemista. Tonterías y retos, que en eso se basan las maniobras complicadas.

Y, en cuanto a las espadas... me gustaría manejar el hielo, como a cualquiera, pero prefiero esperar a no tener una cuenta regresiva tras la espalda.