sábado, 25 de octubre de 2014

Sonrisas en aire frio (Cada otoño, cada otoño).

Tanto el baile que yo usaba cual escudo
como esta voz que de espada ya no sirve
han quedado gangrenados, congelados
por recuerdos que devoran y consumen

cual colilla, lentamente la escritura
de estas manos ya cansadas de quererte,
de unas manos oxidadas por tocarte
tristemente a ti y a tu piel dura.

Qué verdad, qué mentira y qué insolencia
el recordar que yo te amé y tú me quisiste,
el no saber si aún pertenezco al limbo
que, como amante y amigo, mantuviste.

Fiesta de luces, sabores y orgasmos
en un sótano en que bloqueaste la cerradura
por proteger mi realidad y tu mentira,
construyendo nuestra relación el los infiernos.

Los infiernos... Mis infiernos:
Para ti sólo fue un subsuelo,
otro de tantos que tenías
tú, que con el mundo entre las manos te reías
con tu alma caprichosa en caja fuerte,
pues de estar desprotegida a la realidad que me juraste, 

¿habrías tenido a caso tanta fuerza
como para recapacitar y darte cuenta
de que, naipe a naipe, formaste un castillo
con todas las personas que, por despecho, usaste?

Sin embargo, en tierra firme, te perdono los pecados
y, con toda mi entereza, te absuelvo de tus mentiras
pues comprendo que desde entonces has cambiado enormemente,
que por fin te has dado cuenta de que tú causaste heridas.

Pero condeno tus miradas y maldigo tus sonrisas
y destierro el sentimiento de ansiar todas tus caricias,
me arrepiento de cada beso que puede compartir contigo
pues, si el recuerdo de tu persona me llega a quemar hasta el ombligo,

corro el riesgo de acordarme de ti cada otoño, al caer las hojas,
y acostumbrarme a depender del fuego que una vez encendiste.
No, del fuego no: De las cenizas
con las que ya he llegado a querer arroparme
ante el miedo al frío, a tiritar y a entumecerme.

"Te quise, te quise, te quise..."
Joder, yo te amé y tú me quisiste.
¿Sabes que aún leo tus sonetos, escucho nuestras canciones,
muero de dolor, decaigo y lloro cuando pienso que de verdad te fuiste?

domingo, 27 de julio de 2014

...por, en dolor, una palabra.

Os tomáis a broma el concepto. El mundo, incluidos mis seres amados más cercanos, no son capaces de concebir la idea de un miedo tan grande y tan terrible. Del horror de lo inminente. Se lo toman a broma, se ríen, llegan incluso a recomendarlo, a recomendármelo. Yo sigo callada y tiemblo.
...Serán capaces de desprenderse de sí mismos tan fácilmente, de llegar incluso a olvidarse ellos, olvidando lo que les fue importante algún día.

La lógica deja muy claro que es inevitable. Es imposible escapar a esto, es inminente esta muerte... Pero, ¿qué será de lo vivido, entonces? ¿Dónde quedará guardada tanta magia? Si el olvido, nuestro olvido, está tan cerca y es incluso por ti tan codiciado, nosotros que fuimos eternos, ¿dónde quedaremos? Nuestros instantes de infinita y grandiosa eternidad, los momentos realmente vividos, ¿dónde se quedarán nuestros instantes de vida?
Si yo olvido, si yo, por medio de olvidarte, me olvido a y de mí misma y se me escapa en un suspiro el vivir, si dejo de recordar, de saber quién he sido y qué he sentido, si me despojo de mi esperanza y mi eternidad, de mi humanidad misma, ¿qué será de mí, de un yo cuyos tiempos verbales permanecerán trágica y temporalmente atados a su incompleto recuerdo y deseo de existencia? ¿Qué será de mí si dejo de saber quién soy contigo?

miércoles, 23 de julio de 2014

Sogas de papel. (Nenufar cont.)

Creo que acabo de darme cuenta de que
el Sol brilla por encima de tus restos,
quemando heridas y forzándolas a cerrar,
dándome mi oportunidad para caminar a pesar de estos.
El pequeño inconveniente es que,
cuando se obligan a cerrar tan deprisa,
dejan cicatrices grandes, supongo.

Sangre.

Muerde.
Lentamente, se desliza entre la oscura maleza del bosque de sus retorcidos pensamientos. Una verdad. Un sentimiento. Un pequeño guerrero en contra de todo un imperio, la base de una personalidad. Pero ese guerrero permanece escondido demasiado tiempo y tiene demasiadas vidas, cuenta con la ventaja de ser un pensamiento que siempre vuelve y, poco a poco, cumple el ambicioso objetivo de destrozar toda una civilización. Despacio, un pensamiento que brota desde dentro, desde lo más profundo, desde la incontrolable marea de emociones de esta clase de ser humano, brota y toma la forma de un sentimiento que, al surgir, se convierte en guerrero, en soldado de la controversia y el conflicto mismos.

miércoles, 16 de julio de 2014

Madrugada tras una noche llena de lluvia.

Esta noche va a ser dura, para mí y para ella así que, por favor, antes de que me vaya, abrázame y bésame en algún sitio que sea sólo nuestro, tal vez en el mentón o en las rodillas... Abrázame y guárdame en el alma un secreto, encierra alguna de nuestras brillantes estrellas y escóndela en mi pecho para que dure toda la noche, para que me ayude a sobrevivir a la madrugada, para que consiga iluminarme hasta que pueda volver a tocar tu piel y hagamos salir el sol, hasta que encuentre de nuevo el sabor de mis labios en los tuyos y sepamos seguir fundiéndonos en uno. Hasta entonces, guárdame en el oído tus susurros y en el pecho tus caricias, guárdame alguno de nuestros tesoros en cada uno de mis escalofríos para que así, al adentrarme en el mar y en la noche tenga un recuerdo con el que brillar y no perderme.


2:28am, Lunes 9, Jun.

sábado, 12 de julio de 2014

Humo por las mañanas.

Allí donde golpeaba el Sol, al pie de otras montañas, mucho más reales, incluso literales, sonó tímida su voz sobre las cuerdas de alguna guitarra.

Con el movimiento continuo de toda esa gente, la naturaleza se hallaba irónicamente revuelta por la -en ellos ordenada, aunque en comparación con el original paisaje, caótica- organización de las personas que allí se encontraban.

 A los pies de su dulce, sonriente y ya apagada voz, él, rodeado de sus seres queridos, aquél a quien amaba y seguía deseando, aquél al que había dejado de necesitar, recostado, escribiendo sobre el río, encaramado a un árbol, siendo arte. Él, pura poesía, magia y maravilla, luciendo serio y brillando su aura, también sonriente.

 A su alrededor, un mundo de hojas pintado con repetitiva gracia por un claro lápiz verde. Calma, por fin. Su cabeza pasivamente reposaba sobre la relajante monotonía de un paisaje monocromático.

 A lo lejos, gentes alegres, sonrientes, gentes en armonía formando una llamativa melodía ligeramente disonante en torno a la flora que les rodeaba, haciéndola sentir a ella a un cercano y extremadamente corto paso de un bienestar emocional que llevaba ya mucho tiempo echando de menos.

domingo, 6 de julio de 2014

Escondrijo sonoro.

La música sonaba, pasivamente, detrás de sus orejas. El roce de la pluma sobre el papel emitía la melodía principal sobre la banda sonora que eran sus latidos y el recuerdo de una respiración entrecortada.

Ella cerró los ojos, con calma, dejándose llevar por el viento y el movimiento de hojas tras la ventana, por las guitarras que tocaban al son del mismo alma de una tarde de verano de aquel pueblo sombrío, embrujado, atrayente y destructivo y, sin embargo, escondrijo del tesoro que era una luz llena de vida, corazón sonoro de aquél pueblo tan lleno de sueños que no serían concedidos.

martes, 17 de junio de 2014

¿Tienes miedo de enamorarte? (asksaving)

¿Tienes miedo de enamorarte?
Esa es buena, ask-bot. Venga, admitamos cosas comprometedoras hoy: Sí, mucho. Puede que demasiado. Llevo toda mi puta vida intentando no acercarme demasiado a la gente, he vivido muchísimo tiempo sin tener las raíces en el suelo, no sólo me encanta, sino que necesito tener la sensación o ser consciente de que en cualquier momento puedo irme lejos y no necesitar a nadie a mi lado, conocer gente nueva... etc. Ya no hablo de echar de menos, cualquier cosa o persona se puede echar de menos en un momento determinado, no, yo hablo de necesitar a alguien. No sólo vivo con miedo a enamorarme, madre mía, llevo toda mi vida intentando no amar con todas mis fuerzas. No amar en cualquier sentido, tanto de amistad, como fraternal, como romántico. Amo, claro, pero he amado de forma leve. Me es más práctico amar ideas, ideales u objetos materiales, las personas son demasiado complicadas y duelen. Joder, si duelen. Cambian, se decepcionan, te quieren, dejan de quererte... Odio esa sensación. Odio sentir que mi plenitud no depende única y exclusivamente de mi persona. Y menudo fallo... Desbloquear el fluir de mis sentimientos y amar plenamente hace tan poco... Lo jodido es que yo he empezado ahora y no sé sobrellevarlo. Precisamente ahí está la doble putada, en que yo, desde el principio, he bloqueado mis propios sentimientos, muchos sabéis que dejé de hacer eso hace relativamente poco por las sesiones de psicoterapia, ya que me repercutía y me causaba depresiones preocupantes. Nunca he buscado amar y amo, y no sé sobrellevarlo porque nunca he sentido con fuerza. Menudo bucle. Bueno y el enamoramiento en sí es peor, muchísimo peor, ya que se mezclan el amor y el encoñamiento, deciden anudarse el uno al otro y darte una jodida sorpresa.
Sí, sí señores, tengo miedo a enamorarme, a querer y a amar a cualquier ser humano; lo he estado haciendo desde hace no mucho, me he hecho mucho daño y me aterroriza que este sentimiento aún no se haya acabado. Todo era más fácil antes.
Esto es un ataque de sinceridad y lo demás son tonterías.
~ Amor anal pa'l que se haya molestado en leerlo ~

Dispersión.

Sonaban en su cabeza toda clase de frases y palabras, no tenían que ver mucho unas con otras, pero la consumían, la revolvían, le llenaban de rencor el estómago.
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Tan estúpido y arrogante, dejando entrever TANTO sus emociones, reacciones, sus mismísimos pensamientos... ¿Qué clase de profesional era éste? Su expresión corporal, en aquellos precisos instantes, permitían con facilidad que cualquiera adivinara su estado de ánimo y opinión con respecto al tema que se estaba tratando. ¡Y no sólo eso! Se permitía hacer cualquier comentario irónico despectivo, nada terapéutico, colaborando en las conversaciones no desde la intención de búsqueda de la mejoría de los pacientes, sino como una variable perfectamente integrada en la ecuación planteada por el mismo (el paciente), incluso sintiéndose ofendido personalmente en varias ocasiones. Resultaba, hasta cierto nivel, exasperante.
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viernes, 23 de mayo de 2014

Rotos, mediodías rotos.

Y es que cada vez que me afirman, o que yo misma pienso en la perfectamente lógica, racional y correcta idea de que es imposible poseer a un ser humano, vuelves a pasearte por mi cabeza y tu sonrisa me jura que fuiste mío. Y lo fuiste... Fuiste completamente mío y, a la fuerza de una verdad tan clara, a la fuerza de un ser humano completamente desnudo y transparente, me volviste también tuya.

Cuán doloroso es pensar que las personas cambian, cuán doloroso cuando uno sabe que quien será y quien ya no es, guarda los recuerdos de quien fuiste y de que te entregaste. A quien tú te dejas saber, a quien dejas conocerte... Cuán doloroso cuando aquél te recuerda y es otra persona, cuando ya no te ve ni te siente, pero te sigue sabiendo. Porque fuiste suya. Porque eres suya. Porque de él no se escapan tus deseos ni tus pensamientos.

E imaginar y saber cuando deja de ser tuyo para siempre, cuando decide él mismo cambiar; conocer y ser de otra. Si realmente fue tuyo, si realmente llegó a serlo, el sufrimiento más grande es saber que ha desaparecido para siempre, que ya no existe quien te quiso pero te sabrá por siempre, te sabe. Y la sabe ahora también a ella, la conoce y se deja conocer. Será otra persona, no será él, ya no existe, será otro...

Pero sus suspiros seguirán siendo iguales, sus sonrisas se torcerán siempre de la misma forma, su piel tendrá exactamente el mismo tacto, algún rostro desconocido se enterrará en su pecho del mismo modo en que tú antaño lo hiciste y rodeará también su cuello con similar calidez y ternura, su cabello seguirá oliendo de la misma forma, sus manos la acariciarán a ella del mismo modo, sus orgasmos sonarán igual que cuando era a ti a quien el mismo cuerpo abrazaba y su semblante la mirará a ella con el mismo rostro con que a ti te miraba...

 Cómo nos duele pensar en lo sentido. Cómo nos cuesta darnos cuenta de que se está sintiendo. Cuánto nos encanta indentificarnos en el conflicto que otro padece, y cuán molesto cuando a aquellos que nos duelen, les estalla el corazón de alegría.

"Me estás doliendo", es un continuo y silencioso reproche en las cabezas de todos los que hubimos de alejarnos. "Me estás doliendo, así que ¿por qué disfrutas, por qué ríes? Primero deja de dolerme."

jueves, 20 de febrero de 2014

Nadar con agujeros en los pies.

La luna brillaba con más fuerza de lo habitual esa noche.
Pasos...
Pasos...
Pasos...
Había un cazador cerca.
¿Un cazador? Una presa. Un lobo... Un lobo herido. Y precisamente por estar herido tenía tantas ganas de sangre.

En medio de una selva de cemento y asfalto, el cazador, confiado por lo iluminada que estaba la noche, se olvidó de los peligros de la misma y sus pasos sigilosos se convirtieron en pies que simplemente caminaban. Él paseaba. El cazador daba un paseo, pero no eran sus pasos los que se oían. Se oían los pasos del lobo. Al cerrar los ojos y no escuchar nada, podía percibir perfectamente su aliento en la nuca.
La sangre había sido derramada antes de que el crimen llegara a ser cometido. Por alguna razón completamente ajena a los sucesos acontecidos esa noche, el lobo sangró... Y sangraba durante la misma.

La luna brillaba con demasiada fuerza y escondía cualquier otro brillo que pudiera haberse manifestado bajo su imperio. Una noche en la que las luciérnagas aguardaban, observando el escenario. Por mucho que batieran sus alas con fuerza, no serían vistas, no serían faro ni luz guía en ningún camino. Los seres que una vez fueron brillantes encontraron la distancia consigo mismos y esperaron. Por mucho que brillaran, nadie los vería, sólo podían esperar a que llegara el día y, sin embargo, bajo toda esa luz, seguiría habiendo tormento.

Todos los mitos que abrieron los ojos esa noche sabían que la luna estaba maldita. Todos los hombres, escondidos tras sus cuentos, temieron siempre la llegada de una noche tan brillante. Noches en las que la luna maldeciría al mismo día.

Los mitos que hasta el día supieron brillar, guardaron silencio y esperaron. Brillando sin ser vistos, ocultos tras la maldición a quien un lobo herido continuaba aullando, sin saber que desde antes de su misma existencia ya había sido corrompida por conjurarse a sí misma, viviendo las noches en triste alegría de ignorancia.


 Un lobo confiado, aquél cuya verdad cree ser correspondida con la realidad, un cazador que agradece luz maldita y pasea alegremente, animales expectantes, conocedores del miedo que ha de ser rey de la noche y seres que brillan, acostumbrados a ser vistos como estrellas, trágico momento en que ningún par de ojos se posaba sobre ellos. Días malditos con tan sólo una luna... Suficiente. Conocemos el desafortunado final de la historia, vivimos cada día el efecto mariposa y cadena de poderes resultante, nos fue advertido al ser pequeños, al dar paseos, gustándonos la luz. Luz que nos trae confianza. Luz triste y luz maldita. Llevamos en el alma dicho acontecimiento, historia que jamás recordaremos. Historia en la que la única luciérnaga que realmente llegó a ser guía, al conseguir amortiguar su propio brillo, se ve capaz de mirarse reflejada en mares de sangre, se ablanda, se lamenta y se conoce inútil, pues todo lo que supo hacer fue iluminar un camino recorrido por el goteo de su propia sangre.


Para Ren.
Hikari.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Probando una adicción (...)

Siempre supimos que, de los dos, tú eras el compañero. Todos aquellos que han llegado a verte, a conocerte, han sabido que eres, de forma natural, un felino inocente, doméstico, lo cual fue lo primero que decidimos proteger y en lo que nos fijamos cuando establecimos quiénes éramos cuando estábamos siendo juntos. Supimos de tu fragilidad y actuamos en consecuencia, pero... Tanto a ti como a mí, se nos olvidó que yo también soy un animal de compañía, aunque es posible que ninguno de los dos lo supiera en un principio.

Has sido herido tantas veces y has acabado mal con tanta facilidad que nos olvidamos de que yo también podía sentir y de que yo también podía resultar herida... O lo que es peor, podía tragarme las emociones que sabía, no debía sentir.

En cada instante a tu lado se me escapan sentimientos, emociones que sé que no debo decir en alto, lo nuestro es tan frágil, tan hermoso y cristalino, tan perfecto que una palabra, el mismo nombre que describe aquello tan etéreo, hará que se evapore, que se rompa en mil pedazos o que se lo lleve el viento. Y teniendo un sentimiento, cual bomba de relojería, en mis propios labios, ¿qué debería hacer con éste? ¿Canalizarlo, fingir que no existe? ¿Matarlo y matar, por tanto, aquello que nos mantiene unidos? ¿Quemarlo y esperar que todo lo demás sobreviva sobre sus cenizas? ¿Nombrarlo y, con ello, explotar el globo que nos hizo flotar más allá de las nubes? Oh, pero una caída tan larga da tanto miedo...

Es pasivo, por ahora silencioso, serpentea sobre nosotros amenazándome con el continuo pasar de sus agujas, cantándome alegremente la cuenta atrás de mi tiempo contigo. En cualquier momento, en cualquier lugar pudo escaparse: En tu frente y tus cabellos, en tu mejilla, en tus labios, en la piel a la que ya me he declarado adicta... O al abrazarte y ser tu roca, o al apoyarme en ti cada vez que caigo, al entrelazar nuestros dedos antes de recibir juntos un golpe, en una simple mirada nuestra entre un montón de gente... En cualquier lugar puede escaparse y morder. Morderte. Mordernos... y romperlo todo.

viernes, 24 de enero de 2014

En la propia compañía.

Fuera, en las calles, la gente habitual con el bullicio de siempre, basado en la adrenalina causada por los amigos, las drogas, el fin de semana y cualquier otra razón que hubiera para festejar y darse una excusa para dar gritos bajo el retorcido imperio de la brillante luna.

Dentro, ruido, pisadas, caótico movimiento de gentes alegres por un número específico en las fechas que marca el calendario. Fiesta, risas, besos y falsos abrazos, anécdotas, momentos incómodos y divertidos, el olor de la comida recién hecha, orgía de olores, colores y sabores típicos del  festejo...

Arriba, silencio. Llegan algunos sonidos de las demás celebraciones, pero aquí hay silencio. Una tenue luz alumbra mientras suena el recuerdo de la música dentro de una cabeza y varios sucesos intentan ordenarse para conocer la suma de todos ellos en el mismo cuerpo, aquél que descansa recordando.

Acompañado por su propia compañía, él, espera. Alguien va a llamar a la puerta.
Una decisión. Un cambio.



¿Luz?

Nombres traducidos y canciones.

Un instante en el que escribir. Algo. Lo que sea.

Tras algunos de los sucesos acontecidos en los últimos días -como reencontrarme con los sentimientos por el baile, canciones olvidadas, observar escritos y emociones en recuerdos que ya no sé a quiénes llegaron a pertenecer o hacer referencia, charlas con aquellos a quienes he decepcionado, el conflicto y la carga de un lobo, la existencia de un ser de alas grises, las preguntas de aquél a quien pude llegar a hacer daño, el darme cuenta de quiénes son realmente personas cercanas a las que amo como la piel de mármol y mi felino, las expresiones de arte incrustadas hoy mismo en mi flujo sanguíneo, "El límite", los libros de Baricco, yo y mis pensamientos de mareas resueltas en olas que suben y bajan como sumisos indomables, escuchar atentamente la narración de lo ocurrido tras malas decisiones y el reencuentro con quien se halla unos pasos por delante en el mismo camino que yo-, se está dando una suma que me ha hecho dar un pequeño círculo argumental en el hilo de mis pensamientos. Esta suma podría llegar a cualquier cosa, grande o pequeña, decisión contraproducente o favorable, puede esfumarse en la nada y hasta podría llegar a invertirse. Es una suma aún no resuelta, desconozco el resultado pero, durante mi escucha al arte, se me pasó el siguiente pensamiento por la cabeza: "No quiero ser grande, quiero reconocimiento." Se deslizó esta frase entre mis habituales pensamientos de forma pasiva, hasta transparente, pero es posible que se trate de algo muy cierto, lo cual significaría mi reciente e imperativa necesidad de efectuar algunos cambios sobre mi estrategia actual pero, como ya he dicho, aún desconozco el resultado -tanto interno como externo- de esta suma.

09:42 p.m

martes, 21 de enero de 2014

Plumas de cartón (1).

Alguien debería estamparme algo en la cabeza, permitiéndome así pensar con claridad... El problema es que no pretendo que eso suceda.
Sentimientos movidos por racionalidad, caos como emoción definitiva y desorden ejerciendo como decisión y pensamiento.
Las tres partes de uno mismo -el yo de mi cabeza y quien controla todo lo que sé y hago de mi mismo, el yo vivido y el yo que soy- fundidas y mezcladas, de las cuales cada quien decide ver lo que más le gusta.

La extraña adicción, satisfacción y conformismo de la mala vida. El conocimiento de un reciente cambio radical en el modo de exponer la propia personalidad al mundo, debido a un cambio en el deseo de gobierno de las mismas partes al control de tu cabeza y tu persona, la cual en ningún momento cambia. Tal vez dicha exposición ha cambiado, a cualquier posible ojo externo a esta cabeza, para mal, tratándose ese mal de otro pequeño fragmento de ti mismo, de quien prefieres ser al moverse y no fijarse aún el orden de todo aquello que conforma tu conciencia, antes que convertirte en aquellas cualidades que podrías llegar a amar tener.
Sintiéndote cómodo ante tus malas decisiones.

"Vivo con ojeras, me arrepiento continuamente, soy consciente de mis malas decisiones, quemo mi alma por emociones irracionales ante los propios sentimientos que me observo pensar, obedezco a mis peores impulsos, descuido aquello a lo que soy importante, hiero a quienes no han conocido en mí esta forma de ser y continúo sin volver la mirada hacia ellos, provoco que consideren el tomar también malas decisiones, no reprimo mi naturaleza salvaje y caótica rompiendo así el espacio que me era guardado en el corazón de ciertos seres queridos... Y estoy eligiendo ser así. Son incontables los caminos retorcidos que decide tomar mi egoísta persona y los escojo, me libero y me desato de mí mismo. Con quien soy ahora, hasta para mí mismo, entrar en mi persona significa entrar en arenas movedizas."

Destino.

Algo se está ahogando.
Algo se me ahoga.
Siento que mi mente se libera y, al mismo tiempo, mi libertad muere. Todo está ocurriendo en perfecta sincronía y no por casualidad, no, sino por amargo destino.

Es curioso, pero no creo en el destino y, sin embargo, éste decide asomarse y entrometerse en mi vida.
El destino aguarda, paciente, a que yo me tranquilice y baje la guardia. El destino acecha, tranquilo, esperando hacerme sentir y buscando enjaularme.
El destino intenta hacerme mortal.
El destino quiere hacerme humana.

No soy persona, tengo un trato.
Me ato a mí misma con las únicas palabras no pronunciadas y prometidas. Me envuelvo en ellas, me cubro y me encadeno por elección propia para ser libre, o eso intento.
No soy persona, soy humana.
Intento ser libre y, sin embargo, soy mortal.

Hace poco me topé con el destino, no en una, sino en cuatro ocasiones.

La primera vez charlamos como viejos amigos que nunca consiguieron verse en persona. La primera vez fue bonita. La primera vez yo amé y no quise nada, no busqué nada.
El destino me encontró con los ojos abiertos y no pudo hacerme daño. Tras el primer encuentro, aunque dolida y con el corazón lleno de sueños, seguí siendo inmortal.

El segundo encuentro fue el más cruel.
La segunda vez yo estaba despistada. El destino decidió visitarme por sorpresa y yo, despierta pero distraída, caí en sus redes.
Fui mortal por tres semanas y me costó casi once meses salir de la telaraña. Fui mortal sin sentir nada y, al darme cuenta de que había caído, me levanté y huí llevándome por medio la tela de una araña que resultó ser tan mortal y tan presa del destino como yo misma y, con las prisas de la huida, buscando desesperadamente salir de aquella trampa, sin quererlo, pisé a la araña y aún no se ha despegado de la suela de mi zapato.

El tercer golpe fue el más complicado.
El tercer golpe duró años. El destino quiso divertirse y comenzó con el tercer golpe antes incluso que con el segundo. Puede que hubiera sido mortal tan sólo durante tres años o que, debido a este golpe, siga siendo mortal ahora. Pero no es algo de lo que me arrepienta, pues el tercer golpe me puso en contacto con el ser más sincero que he llegado a conocer que, aunque también se trate del ser más apaleado, maltratado y triste con el que me he topado, sigue siendo el más esperanzado y brillante y el que me otorga fuerza suficiente para vivir como mortal.

El cuarto golpe fue rastrero.
El cuarto golpe bien pudo mentira. De ser un juego de niños, ésta habría sido la venganza que llevaba a la victoria... Pero no llegó victoria alguna.
Piel de mármol, oro y cenizas se apoderaron de un sentimiento más grande que el cuerpo en el que yo misma pretendía habitar... Un sentimiento causado por una verdad escondida bajo tierra, una realidad borrada, una brillante vida encerrada entre paredes grises. Felicidad prohibida y desbocadas luces de colores en una fiesta subterránea. Secretos que cuentan verdades que no son. El cuarto golpe fue golpe por dulces mentiras llenas de sabor. Una relación de plegarias que alzaron juntas el vuelo y juntas se quemaron, llenando el cielo de blancas cenizas.
El cuarto golpe susurró dulces mentiras. El cuarto golpe sangra, cerrado, sangra felizmente. Cuando el cielo se nubla y cubre la luna, permite que encendamos nuestra propia luz y sonriamos, aún con ese dulce sabor en los labios. Miel, ácida miel. En el cuarto golpe se resumen mis golpes con aquél destino que tanto me odia y que seguirá buscando tender trampas. Enseñándome a aprender de ellos, a apoyarme y coger fuerzas para iluminar un camino lleno de cruzadas con el destino, hilos rojos que penden de mis meñiques. El cuarto golpe me dejó un nombre... Me dejó un secreto. Me dejó un regalo.
Un camino abierto a mí misma... Y a la posibilidad de sentarme a charlar con el destino.