miércoles, 30 de diciembre de 2015

Bien.

Me reafirmo, una vez más, en mí. El mundo no deja de darme motivos, indirectas, putadas, cicatrices, llámalo como quieras, pero el caso es lanzar mieda, o más bien lanzarme mierda. Dejarme claro que nada está hecho para mí y que nada va a ser fácil. Que todo lo mío soy yo y también todo lo que debe importarme. Así que gracias por todos estos años de lecciones, gracias por convertirte en mi cuchillo y en mi látigo, que puedo rascar bajo la piel y amaestrarme de nuevo. En serio, gracias por ser la mierda que siempre fuiste de forma contínua y permanente. De verdad que envidio tu perseverancia. Permíteme copiarla de puertas adentro, que la presa y el amo son ambos el mismo y han dejado claro no querer salir de nuevo. No les hace falta, todo va de retroalimentarse. De envidia, de odio o lo que sea, da igual, en algún momento aparecerá el amor y volveremos a hacernos mantas en el frio, siempre, siempre, siempre con las piernas enterradas en la nieve porque es muy aburrido estar cien por cien caliente. Precisamente porque me importo, que cierro las puertas y rompo las ventanas, los cristales rotos sirven para ahuyentar a la gente. A la fauna. A la mierda como tú. Gracias, en serio, gracias por nada. Tocará crecer en algún momento.

martes, 8 de diciembre de 2015

Truco o trato.

Empecé yo, fingiendo. O empezaste tú, gustándote mi mentira. O empezamos los dos... Y luego comencé a quejarme de que no me veías, tan hipócrita y herida como siempre. No te preocupes, acabé por acostumbrarne, pero a día de hoy me siguen gustando los dulces y los sustos de noche de los que ya ni me acordaba. Tiene que haberte importado mucho para conservarlo tantos años, mientras seguías hirviendo agua en mi cocina como si nada hubiera pasado.

Últimamente pienso mucho en ti. Cada vez que le veo a él, acabo pensando en ti. No es que te eche de menos, si nunca te tuve, es más bien que la cuerda floja se va desgastando y me da miedo caerme antes de haber llegado a tener público. Tú llevas tanto tiempo bailando en ella que debes de sentirte en tierra firme... O tal vez piensas que no debemos balancearnos al mismo tiempo y por eso desapareces cada vez que yo me acerco. No lo sé. Es difícil saberlo si nunca me hablas. Debe de haber sido difícil intentar hablarme si yo tenía otros cascos puestos, si yo sólo escuchaba las guitarras. Pero no creo que llegara a gustarme de verdad la música clásica, solamente quería dejar de sentirme sola... O regodearme en ello. Tampoco puedo estar segura, estas historias son de hace ya mucho tiempo y tal vez a estas horas no vale la pena resolverlas.

Si algún día vuelves a sacudirte de encima el pragmatismo, avísame. Siempre quise investigar Europa contigo.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Empapado en licor, demasiado combustible.

Ardo.

Es más bonito usar la retórica y escribir tu nombre tachado con el rojo de mi sangre. Suena bonito. Escuece mejor.

Digamos que me encantó perforar una piel que lloraba por recuerdos. Harta ya del hielo, prendo fuego a tus fotos, a todas -menos una, aquella que solía utilizar para saciar memorias y está ya resquebrajada-. Es más bonito así. Dulzón. Nunca me gustaron las historias tristes ni las de ensueño. Siempre estuve esperando por un drama.

Con las manos cubiertas de ampollas, me dispongo a escribirte una última carta. Te maldeciría, pero es demasiado fácil. Prefiero escribir una y otra vez tu nombre hasta rasgar el papel, reírme a carcajadas y bailar sobre mi propia tumba.

Me quito los zapatos, las pieles, la verguenza, el reproche, el miedo, los corazones, el sufrimiento... Y me quedo con el placer, con las heridas, con la tinta y la locura.
   Saldré de nuevo patear las calles, a emborrachar mis esperanzas, a destaparme los pechos, a bailar desnuda, a bañarme en los ojos de otros, a divertirme encantando, hechizando, cantando, recorriendo algunas manos con mi cuerpo y con mis labios.
   No hacen falta muchas palabras, hace falta fiesta y sudor, sonrisas y sangre, éxito y alcohol, mentiras y sexo.

Vuelve a buscar a tus dioses entre mis piernas y volveré a susurrarte que existen al oído. Desgárrate el vientre saciándote en mí, agárrame fuerte, desapareceré en cualquier momento. Seré tan escurridiza como pretendes que sea, al tiempo que te arrodilles rogándome, suplicándome, como me encanta verte.

Más... Pero no lo suficiente. Déjame con las ganas. Tortúrame. Átame. Muérdeme. Engáñame. Aráñame. Agárrame fuerte... Que desaparezco.

Te volveré a dejar medio roto, si te encuentro. O si me encuentras, aunque te escuezan las quemaduras. Busca donde haya fuego, sabes que me encanta marcar el suelo donde piso...

...y devuélveme el mechero.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

"Mentiras". "Nosotros".

No sé por qué me molesto en recordarte. No debería hacerlo. Llevo meses jurándome que no volverá a ocurrir... Pero el dolor es adictivo, ¿sabes? Debe de ser lo único que me une a ti. Debe de ser el motivo por el que siempre me has gustado tanto, desde el mismísimo principio.
   Sólo eres las guitarras que utilicé para deleitarme cuando me cansé de salir a abrir los brazos bajo mi lluvia plateada. Un cambio de corte de pelo cuando dejaron de morderme las orejas.

En el fondo todo se reduce a mí. A mis gilipolleces, a mi odio por mí misma, a que me cuesta entrar en mi propia casa y me invento romances imposibles para frustrarme y frustraros. Porque no eres el primero, pero deberías ser el último.

Autosatisfacción. Autobiografía. Tonterías. Idealización. Eco. Tabaco. Yo. Suficiente.

Es suficiente. Ya va siendo hora de que te deje enredarte entre tus fantasmas, sé que no cerraste los cajones con llave y que los miras de vez en cuando. Te olvidarás de mí, no pasa nada, es lo de siempre.
   A mí me queda el recordatorio de que me abrí paso a golpes dentro de ti, regodeándome en cada puñalada que recibí de tus defensas. Y me siguen cayendo. Me las sigues tirando. Tú y tus alucinaciones. Porque nunca llegaste a verme, pero yo me sé tus andares de memoria. Y de nuevo, yo. Qué idiota. Con lo que cuesta despegarse de alguien bien conocido.

Pero, en fin, me recuerdo y "nos" recuerdo, y nunca fui más que otro fantasma en esto. Tú ocupabas todo el espacio y ahora me toca mirarme a secas, sin licor, sin porros, sin mentiras, sin ti. Estaré bien, no pasa nada. Algo como esto no puede ser amor verdadero. No es posible. Amor es cuidado y tú no llegaste ni a quererme.

Pero.

...Pero...
Pero yo sólo sé escribir cuando no sé hablar y nunca supe escribir a tu lado.

Necesitaba hacerte daño.



Supongo que llevo demasiado tiempo encerrada en una pequeña bola de cristal creyendo que el combustible de mis pulmones era puro algodón y que por eso te tenía tanta alergia, pero resulta que tan sólo era asco.

Te imagino arder contínuamente -siendo yo quien carga con tinta en vez de sangre-, aunque el alcohol que llena tu pecho nunca ha sido cosa mía. Yo sólo quise quemarlo, quise poder calentarme contigo tras haberte regalado tantos anillos y quedarme descalza bajo un cielo que sólamente yo veía estrellado.

De verdad, que te jodan. Me paso la vida con acordes punkis en la cabeza cuando ni siquiera estoy segura de que de verdad me gusten y acabo por olvidarme del mundo intentando dejar de cantarte, acordándome cada noche de que en realidad no sé hacerlo... Pero siempre fui de las que aprenden a saltar corriendo. Y aprenderé a tirarme al abismo y aprenderé a sacar calor de trozos de pastel de manzana mal hechos.

No me importa estar sola. Me es más fácil empezar a volar sin piedras bajo la lengua.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Lo que me preocupa es pasarme la vida buscando ese calor.

Fue un caso aislado. No me lo recuerdes. Me divierte la idea, pero tampoco sé si quiero recordarlo. Qué verguenza. No es nada humillante pero, aún así, qué verguenza. Me siento como una estúpida colegiala emocionada por tonterías imaginarias. Además, en estas cosas nunca soy correspondida y no me sorprende. Supongo que me he acostumbrado. Supongo que me he empeñado en perseguir un estúpido globo cada vez más amarillo, y eso que siempre me estoy quejando de los colores brillantes.

No lo valgo. No valgo para hacerme la infantil ni para creerme que mis dolores no existen porque los tapa una alegría más grande. Claro que no valgo para esto. Estoy hecha para cosas más grandes, pero nunca desconecto el cable por miedo a que se me agote la batería y así nunca se sale de casa. Es una tontería, por supuesto, obviadlo antes de leerme, pero no estoy acostumbrada a correr sola a pesar de no haber llegado nunca a salir del punto de partida en compañía. Menuda idiota.
   Pero aún así... Aún así hay algo rescatable en todo aquello, algo importante que estaba buscando sin darme cuenta. Algo que debo de haber estado buscando desde hace demasiados años...

Tan amable e inocente, ella tenía las manos calientes y yo llevo siglos congelándome tras el almacén de un hotel abandonado. Que ni siquiera estaba dentro, yo estaba abandonada en solitario y, en el fondo, lo sigo estando. Sigo persiguiendo el rastro de sangre caliente de alguien que derrocha vida, de alguien que sabe arañarse sin considerarse roto, de alguien a quien no le importa hacerse un par de heridas mientras sale en busca de aventura. Alguien joven y enérgico, alguien dulce e ingenuo capaz de hacerme sentir tranquila y contenta, capaz de guiarme entre un montón de gente mientras el mundo se me cae encima y a mí me da igual. De verdad que no me importa lo más mínimo. Rompedme la cara y volved a apuñalarme con los cristales rotos del portaretratos que guardaba el recuerdo de su abrazo en medio de un baile en aquella boda. De verdad que no me importa ya, ahora que, aunque fuera por una noche, a mí ya me salvaron sus pequeñas manos calientes.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Y el mundo está lleno de traidores.

¿De verdad hay esperanza en la deriva? ¿Hay esperanza en alguna parte? ¿No es todo este mundo un gran mar caprichoso que nos otorga la vida y nos la arrebata con cada ola? Y es imposible recuperarte de tu propia muerte, por muchas veces que vivas. A mí no me merece la pena.

Llevo ya mucho tiempo intentando sonreir, pero tan sólo me ahogaba en mi propia supervivencia. Y me da muchísima pena hacer esto.
   Yo de verdad creí haber sido feliz y esos recuerdos vuelven para atormentarme cada noche. Y odio demasiado hacer esto. Sólo necesito escribir cuando me caducan las entrañas. Y todo es una mierda. La gente sigue creyendo que vivo bien y que estoy contenta, que tengo las cosas claras y supero mis quemaduras, que abro las puertas a patadas y... no. No. Basta con saber que no sé levantarme por las mañanas, que no sé si sigo exagerando cosas en mi cabeza, que no sé si alguien alguna vez me ha visto, que no sé por qué publico mis palabras.
   Antes me movía por inercia. Hay una diferencia clara: A día de hoy lo intento hacer, no dejo que me lleve la corriente, intento vivirme, intento arreglarme, intento atarme los anillos de los zapatos para no estar desarmada cuando tengo claro que la vida va aponerme boca abajo... Intento escribir cuando siento que no puedo respirar. Me abro un hueco en el papel y dejo aquí una pequeña parte de mí, de mi dolor, más tranquila.
   Sé que no se quedará allí para siempre, sé que volverá a mí en cuanto me recueste, en cuanto deje de estar ocupada, se me pegará a la piel bajando lentamente hasta los pulmones y comenzará a llenarme los alveolos de tinta y me robará el poco oxígeno que me queda... Pero, al menos, ahora mismo puedo respirar. Mal y poco, pero puedo respirar.

sábado, 2 de mayo de 2015

Reflexión de urgencia.

Sola. Una vez más, estoy completamente sola. Supongo que no debí dejar de tomarme esas pastillas de locos, que lo único que puedo hacer ahora es pensar en el humo de mis pulmones ardiendo en sobredosis.

Pensaba que ya no sabía escribir, pero sólo había dejado de leerme, pues sé mejor que nadie que al abrir la boca nos engaño a todos, pero el movimiento de mis muñecas nunca miente.

He vuelto a quedarme completamente sola y ahora sólo sé taparme los oídos. Que no me queda nadie, que el reloj se ha roto y sigue dando vueltas, que los anillos los llevo únicamente en los zapatos y que puedo pasarme horas llorando al mirar mi lista de contactos, por no tener a dónde ir.

Ya no importa nada, he acabado por rodar incansablemente cuesta abajo, ahogándome en petróleo y colgada por los pies... Mientras se me caen los anillos.

Sé que soy yo al mirarme al espejo y reconocer mis ojos rojos y las treinta heridas que arrastro por suspiro.

01/05/15, 19:17.

Gilipollas.

Idiota. No pongas en mí tus inseguridades, tu estúpida necesidad de ser constantemente observado, admirado y necesitado. Idiota. Joder, eres idiota. No me beses ni me digas que me quieres para arreglar las cosas. Es cierto que no está bien mencionar la soga en casa del ahorcado, pero yo no sabía que seguías colgado. Pudiste simplemente pedirme que no fomentara tu balanceo, pero no me juzques por haberte ahorcado, yo no tengo nada que ver con tu muerte.

19/01/15

Lo siento.

Lo siento.

De verdad.

23/10/14 -- 24/10/14 (Julie)

¿Sabes, Fran? Te echo de menos. Te echo demasiado de menos. Tú, el idiota, el lejano, al que amé y aquél que me amaba, el gracioso, el estúpido, el que me calmaba y me enervaba, quien me comprendía, quien me paraba los pies, quien me aconsejaba y con quien me reía y lloraba y me enfadaba y me alegraba; Aquél sobre el que yo escribía poesía, la primera persona que me apoyó sinceramente, la primera y única persona que supo siempre quién soy yo: Aquél que nunca estuvo a mi alcance y que jamás consiguió acariciar mi pelo... El único hombre en mi vida que hubiera sabido hacerlo con suficiente tacto y ternura.

Tú, Fran. Tú, mi mundo sensible hecho persona, fuiste lo que llegó a ser cada hombre en mi vida e, incluso, ellos, todos juntos, rebosan carencias vitales comparados contigo.

Fran... Mi Fran... Sé que es egoísta pensarlo ahora, cuando más te necesito pero, Fran... Esta noche te echo demasiado de menos.

____________________________________

¿Por qué nos da miedo que nos apaguen la luz? ¿Por qué nos carcome no poder vivir junto a alguien a quien amamos? ¿Por qué tenemos miedo a ser abandonados?

No sé si puedo permanecer mucho tiempo junto a alguien que no me deja acariciarle la cabeza... Duele demasiado.

____________________________________

No soy capaz de romper una silla ni de darle un puñetazo a la pared. Siento el impulso, el deseo, la ira... Pero mi racionalidad se impone y lo primero que hago es concienciarme de lo ridículo de la acción y la ira comienza a dar vueltas en mi cabeza, consciente de que mi cuerpo no va a descargarla. No, en absoluto: Mis retorcidos arrebatos se apoyan en la racionalidad, son mucho más imperdonables, es maquiabélico, enfermizo, son castigos psicológicos a un completo colectivo dentro del que yo me hallo siempre...

viernes, 1 de mayo de 2015

11/03/15 (Julie)

Lo de siempre.

Trágate la ira, amor, y sigue desgarrándote el vientre.

Vuelve a susurrarme palabras de amor horas después de estallar en gritos, minutos antes de estrecharme con fuerza contra tu cuerpo, de reventar el mío a base de placer y sangre, horas antes de estallar en gritos de nuevo.

Me sigo repitiendo que todo esto está bien, que no necesito felicidad, la desecho porque lo que tengo es suficiente. Me sigo riendo en voz baja, con la cabeza agachada.

Escritor, planeta, sociedad, precocinados, esclavos.

Somos dependientes. No somos libres, no somos autosuficientes, somos incluso incapaces de crear algo desde cero: Ni un escritor puede escribir, ni un pintor puede pintar nada que haya salido de forma natural sóla y únicamente de su propia cabeza. Las ideas mismas que tenemos, nuestros pensamientos, son el resultado de de esa mezcla de percepciones, imágenes y olores, recuerdos y pensamientos.

En esta verdad que consideramos realidad estamos atrapados pero, ¿podemos darnos de bruces con el saber, por casualidad, y cogerlo, agarrarlo, apoderarnos de él y hacerlo nuestro para así intentar cambiar el contenido de este planeta tan putrefacto en el que vivimos? ¿Tenemos la capacidad de luchar contra nuestro propio mundo, contra nuestra propia naturaleza, para liberarnos a nosotros mismos?

Es cierto que estamos estancados, "clavados por las rodillas a estas aceras de pegamento" en este día a día sin sentido y somos seres tan influenciados por la sociedad que, en muchas ocasiones, la mayoría de nosotros estamos directamente determinados por ésta e, incluso, en el inusual caso en el que nos la lleguemos a plantear, suele ser con argumentos precocinados que nos han enseñado a repetir una y otra vez durante tanto tiempo que llegamos a creerlos ciertos o, incluso, incuestionablemente reales pero, aunque sea tan extremadamente improbable y muy muy complicado, aún es posible que estos esclavos (que somos) se den cuenta de lo que realmente son y decidan luchar por liberarse.



(2da en 4to de la E.S.O., hace unos tres años. Cuando era algo más "Mariele").

A Calderón, Gracias.
Hikari.

viernes, 13 de marzo de 2015

Papel verde n.3

De verdad, me quedo sin la menor idea de qué escribir. Me sigo obligando a agitar las muñecas para decirme a mí mismo que no me estoy haciendo daño, pero lo hago. Tanta envidia siento de sus luces de colores que me se sumo más y más en mi bolsa de basura, dibujando corazones rellenos de mis propios escupitajos y algún sistema nervioso con las estupideces de Mozart de fondo. Cada vez hay más gas innífugo en mi ropa, olor a podredumbre intensificándose en mis zapatos y dióxido de carbono entre los dedos: Que no puedo respirar y me sujeto a mis propias sobras; que aquí ya no queda oxígeno ni ganas de arder de rabia y moverne rápido; que no quiero respirar y no hago más que moverme cual cangrejo, apretando los pies con fuerza sobre la fecha de caducidad de mi propio cuerpo.

Papel verde n.2

Todavía me siento mareado. Sigo notando lo efectos de las drogas recorriendo mi piel, despacio. Huele a carne, pescado y cigarrillos.
Me cuesta seguir el hilo de mis pensamientos. Me siento enfermo. Me preocupa rasgar el papel con la tinta esparcida sobre mis manos, me preocupa que se mezclen sobre el folio la tinta en mis muñecas y las chinas que me quedan por debajo de las uñas.

Mi cuerpo se desdobla sobre sí mismo cual serpiente mordiendo su propia cola. Habla el viento con fuerza, suenan chistes estúpidos sobre si estoy loco, de la mano de alabanzas a un dios que no veo y un dado que gira eternamente, recordándome que el destino me ve y se descojona. Gracias hombre, que sí, sé que es cierto que aprendí a hablar con él, pero sólo sabe escucharme cuando me pongo de rodillas. Llorando o riendo, eso da igual, pero siempre de rodillas.

Me atormenta la idea de tomar una decisión. Me atormenta la idea del cambio, de tener la autonomía que me paso la vida reclamando. Tengo miedo. Siento que acabaré teniendo que decirle al mundo que ellos tenían razón, que efectivamente no hay una neurona sana en mi cabeza.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Papel verde n.1

Fluyen como hojas en el viento. Compiten, cual Aracne y Atenea, tejiendo idas y venidas, trenzando sus historias teñidas de azúl, intentando hacerse oir entre un mar de hojas caídas, voluntades desmembradas, estupideces entre más estupideces.

Me digo y me repito que sigo siendo capaz de escribir, pero no hago más que vomitar espectativas derretidas sobre el papel. Ya no me queda ni la tinta con la que podía cortarme, ya no me queda ningún ardor bajo la lengua con el que restregar mis muslos y muñecas hasta hacer saltar las chispas que solían decirme que sigo estando viva.

¿Qué soy yo sin autodestrucción? Verdad pura e interrogante, una estúpida flecha de neón señalando eternamente el basurero social que son los gritos de auxilio de quien ya está completamente abandonado por el mundo.

Que intento dejarlo, joder, intento ser capaz de cuidarme a mí misma, pero ya sólo me quedan unos pulmones oxidados y caries debajo de la almohada. Y sí, cuando hace calor y las sonrisas falsas iluminan el día, llenándome los ojos de ombligos, bikinis y abdominales, es cierto que tengo mucha compañía, pero los colores cálidos acaban por hacerse ver, se hacen reales y, cada vez que ahogan sus penas y se abren en canal, cada vez que veo mis pies enterrados en hojas secas, llega de nuevo ese dolor de muelas y se apropia de mi compañía un miedo irracional a que se me caigan los dientes.

lunes, 9 de marzo de 2015

23/10/14 (Julie).

Me digo y me repito que son los pensamientos típicos de una mala noche, que sólo tengo que esperar a los primeros rayos de luz que entren por mi ventana para que "el acabar", la idea del fin, desaparezcan de mi cabeza. Pero lo cierto es que todos estos pensamientos se acaban acumulando, se escapan de las causas hormonales en que se excusa de su extistencia su creador y llegan a ser pura racionalidad y sentimiento, con la viva esperanza y probable finalidad de acabar por convertirse en acciones. Acciones, como dicta su naturaleza inicial, de fin. Debería dejar de fumar porros, ya no sé ni lo que escribo. O, tal vez, tan sólo estoy cansada. Cansada de intentar compenetrarme con alguien aferrado a la infantil idea del romance adolescente; cansada de ponerme por debajo de la gente; cansada de ser "la otra"; cansada de intentar correr tan rápido que me pierdo de vista a mí misma y, por tanto, pierdo tiempo en encontrarme una vez detenida; cansada de olvidarme de mis propios sentimiemtos; cansada de envidiar a aquellos que se regodean en su propia enfermedad y cansada de mi enfermedad al mismo tiempo.

Hoy me encontré con mi antigüa compañera pero, por suerte o por desgracia, decidí dejarla a un lado. Ella me sonrió, como siempre, pero, en esta ocasión, su sonrisa también denotaba hastío y amargura. Supongo que a ninguna nos quedan fuerzas para abrazarnos así que, una vez más, me resigné ante otro antigüo suceso de mi vida y la dejé tranquila, envuelta entre recuerdos y trofeos cerrados con llave, que las cicatrices no me hace falta guardarlas, las llevo siempre encima.

De nuevo, la dejo tranquila con su agudéz y perspicacia, con su frialdad llena de óxido, rodeada de objetos brillantes que algún día me hicieron su misma compañía.

03/12/14 (Julie).

Malditos sentimientos
...dejad de joderme.

Vidas secretas que fueron, que fueron. Vidas secretas que ojalá vuelvan a ser. ¿Y si he mentido cada vez que he fingido no sentir algo fuerte por ti? ¿Y si toda yo vuelvo a ser una completa farsa? Si cuando te miro a los ojos, algo dentro de mí se mueve, ¿por qué he de sentirme culpable? ¿Por qué sigo sintiendo que existe la química?

Por favor, deja de ser tan bueno conmigo. Por favor, deja de preocuparte por mí. Por favor, deja de darme falsas esperanzas, porque últimamente no puedo aguantarlo, últimamente tengo ganas de descubrirme, de ser sincera... Pero hay demasiado en juego. No quiero arrepentirme. No quiero que las cosas vuelvan a ser imposibles. ¿Por qué cada vez que siento algo que realmente necesito, cada vez que deseo ser feliz, cada vez que quiero arriesgarme, se pone el mundo en mi contra? ¿Y si me la quiero jugar por ti? ¿Y si te quiero?  Necesito poder desearte, poder quererte, poder ser feliz contigo, poder dejarte cuidarme sin preocuparme por arruinar por completo mil vidas, entre ellas la mía, para poder darme cuenta de si es real la emoción o el sentimiento. 

Mierda. Me encantas. Esa es la pura verdad, que me encantas. Que te echo de menos cuando te vas. Que pienso en ti cada vez que él me abraza sin el cariño que tú sí sabes darme. Cada vez que no siento brotar de él el cuidado con el que tú tan fácilmente me envuelves. Que te quiero. Y eso me destroza la vida. Por favor, por favor, que todo esto sea pasajero.

¿Por qué cada vez que entra esta sensación de felicidad en mi vida, entra cuando conlleva sobretodo sufrimiento?

"Trae algo."

Siento miedo. Miedo de no ser lo suficientemente grande, lo suficientemente buena, lo suficientemente perfecta. Pongo mi valía en mis méritos porque pienso que mi carácter no vale apenas. Y necesito ser mejor, necesito ser mejor que todos, pero me da tanto miedo no serlo que huyo y me pongo excusas. "Si lo hubiera hecho, habría sido la mejor", es lo que quiero que piensen... Y muchas veces lo consigo.

Pegarme un tiro.

Más y más ganas de llorar. Carencia de aire. Líquidos, demasiados líquidos. No existe el oxígeno, no se puede respirar. No hay tiempo. Falta. Me doy una y otra vez contra el suelo. Me caigo antes de levantarme. ¿Autosabotaje? Luces, muchas luces, pero todas muy lejanas. No hace frío. No, no hace frío, pero tengo las manos heladas. Sé que sólo sé escribir cuando se me olvida hablar. A veces me da miedo no poder bailar. Me sigue dando miedo. Calor corporal, calor corporal... Me abrazo. Me falta algo. Cada segundo me patea la frente. Palabras que no significan nada. ¡Ayuda! Silencio y más silencio. Dicen que les pida lo que sea, pero no pueden hacer nada. El sonido del teléfono al colgarse, cortándome a mí un pedacito de carne... O de alma. Se me acaba la paciencia. Vuelvo a arrastrarme, porque ya estoy en el suelo y cuesta más seguir cayendo. Me abrazas, pero no siento el calor. Quería. Quería. Sudor, sexo, labios, movimiento, verguenza, miedo, tranquilidad. No existen, ya no existen. Quiero irme. De verdad que necesito pegarme un tiro. Quiero irme. A veces se me olvida qué es lo que echo de menos. A veces se me olvida si de verdad me acuerdo. A veces quiero ser como el resto y sueño en vano que la felicidad se esconde cerca, en la playa, cerca. Incluso pienso que he llegado a tocarla. Una mañana en Vera... El resto de mi vida. Mi vida es ese recuerdo falso. Me quedo. Me quedo. Me voy. No sé por qué sigo esperando a que alguien me conteste. Pero tampoco sé si vale la pena o si queda algo que salvar. Debería irme. Debo irme.

Para Nora, por sentarnos en el arco de Moncloa.

A veces echo de menos tener un poco de descaro. De vez en cuando me vendría bien confiar en mi instinto y mandar a la gente a la mierda. Probablemente es algo que debería hacer siempre, pero lo peor es ser consciente de que escribo esto mientras intento evadirme del pensamiento de que necesito muchos más huevos para corregir el error de ponerme por debajo, que los que necesito para ponerme al mismo nivel que el resto de la gente de buenas a primeras.

Hijos de puta todos. Sois insoportables todos. Todos menos Rober, Rober es majo. Maldita sea, necesito irme de aquí.

Nuestro infierno.

Cuando el simple contacto con tu piel, erizaba completamente la mía y me formabas ochenta nudos en el estómago. Cuando mi corazón explotaba en lágrimas tan sólo por oírte susurrándome al oído y, por ello mismo, dejara yo de ser consciente de cuáles eran tus palabras. Cuando no me importaba que me mintieras incluso sobre quererme, simplemente porque te adoraba demasiado...

Todo lo que viví contigo, no se compara a lo que tengo ahora: No se compara con la estabilidad, con el respeto, con la alegría y, a veces, incluso con la mismísima felicidad. No se compara con la igualdad, ni con la confianza, ni con el cariño. No se compara con el compartir, con el amar, con el cuidar, ni con el ser cuidado...
Pero nada de esto se compara tampoco a nuestras fiestas subterráneas. Nada se acerca al mar revuelto de nuestra pasión, pasión conformada por mentiras llenas de jugo que la hacían todavía más fuerte y, ninguna chispa, por mucho gas que tenga, llegará nunca a brillar tanto como el infierno que creamos al prenderle fuego a nuestras sábanas. Tal vez porque la enfermedad es adictiva o tal vez porque somos parte de nuestro propio juego.

Rosa.

Todo fluía lentamente por debajo de sus sentidos. Elle, en calma, percibiendo el lento vaivén del movimiento humano que por allí se dejaba caer. Suave. No se iba, pero volvía aunque sin llegar, para volver a impulsarse hacia la aventura, pero cambiando de idea antes de comenzar realmente el camino. Suave vaivén de emociones, escritos, canciones, lágrimas, dedicatorias, bailes, actuaciones, risas, formas de animar... Suave vaivén de movimiento humano.

Palabras (?)

Palabras. Palabras que ilusionan y no fueron, que no llegaron a ser, que fueron, pero fueron mentiras, falsedades, engaños y verdades retroactivas que que excusan el daño que ellas mismas provocaron. Más y más palabras. Palabras que cuentan historias, secretos, viñetas, promesas, historias de amor y susurros. Palabras que duelen, que amarran, que desgarran, palabras que vomitan sentimientos, palabras que llegan a destrozar el alma. Palabras que hablan del final, de un final seguro, palabras que sobre la superficie del agua no dan miedo pero, en la profundidad, los colores de su realidad recién narrada, se tornan oscuros y pecaminosos.

Intentemos ir en orden. Que no va a ser, pues ya ha sido.

(06/03/15 -> 20:06)
Voy a empezar a dejar de contarme tonterías. Voy a empezar a unir las cosas, porque la verdad es que todo estaba ya revuelto desde un principio.

Yo. Intento evaluarme, leer mis pensamientos, escribir mis sentimientos, contar mis penurias, controlar mis emociones... Y es normal que ya no me salga. No soy un puto pedazo de cartón rectangular a punto de ser enrollado por algún yonki de los míos. Que no. Que ya no. Que llegó la hora de juntar las cosas, porque no puedo controlarlo todo estando separado y no soporto no poder manejar toda estructura entre mis manos.

Suena de nuevo tu canción y me acuerdo de mis celos. Son reales, porque no soy perfecto y eso también me da rabia.

Deja de mentirte, deja de evadirte y deja de drogarte, porque me cabrea. Me cabreas. Y me cabreas tanto que ni te lo digo, ni me doy cuenta y así, a lo tonto, acabo mintiéndome y drogándome a conciencia, lo cual me es aún más imperdonable que tu evasión involuntaria.

Y a tomar por culo esto ya, estoy cansada, me duelen las manos y sigo sin saber con qué pronombre definirme, así que voy a dejar de escribir por un rato.

...sólo por un rato.

3... 2... 1...

Vamos a empezar a juntar las cosas. No voy a correr al pasado, porque estoy harto de hacerlo, pero tampoco voy a dejar que los proyectos que tenía en la cabeza se vayan cada uno por su camino y acaben, como ya están haciendo y siempre he temido, huyendo al otro lado del espejo. Esta es la verdad: Estoy abandonada. Demasiado tiempo rodeada de gente y muy poco tiempo sola. Ya ni siquiera estoy segura de mis pronombres. Me siento más seguro con unos u otros dependiendo del momento y de lo que sea que estoy contando.
Aquí estamos, en el inicio. Hoy, es hoy cuando empieza todo. Puede que haya repeticiones, es más, estoy seguro de que las va a haber, pero me gusta. Se acabó el estar dispersa, toda mi vida está relacionada entre sí, aunque no tenga ningún sentido, aunque sólo sean un montón de deseos y sentimientos... Estoy intentándolo. Estoy trabajando en estar completa. Así que gracias, si te importa, y gracias también si es que me odias, porque necesito recogerlo todo: Necesito juntarlo todo y arreglármelas para vivir con ello.

Hoy empieza todo.